martes, 10 de febrero de 2009

ETA entra en campaña

Reacciones: 

JOSE MANUEL ARECES.-
No es nada nuevo que la banda terrorista, una de las instituciones más antiguas del país vasco, haga su propia campaña electoral. A su manera esta facción del separatismo no es más que una pata un tanto violenta del PNV. En la salsa de la convocatoria a las elecciones regionales de las provincias vascongadas siempre encontramos el condimento de ETA.

El Tribunal Supremo, por fin, ha cortado toda opción a presentarse al parlamento de Vitoria a cualquier marca de los batasunos, y esto escuece. ETA solo conoce un medio de expresión; la violencia, y sus titulares siempre están escritos con la tinta de la goma 2 o el amonal, dejando un reguero de desperfectos y víctimas, como triste recuerdo de su persistente forma de hacer política.

La izquierda revolucionaria siempre fue así, a los anarquistas del siglo XIX, cuando algo les parecía injusto, tiraban un par de bombas, o liquidaban a tiros a un gobernante, y todo listo. No hablemos del gusto por el petardo de los revolucionarios del ancho mundo, es algo conocido. Los movimientos revolucionarios siempre han tenido dos caras, como ese antiguo Dios de los romanos, Jano: Dios de las dos puertas, Dios del principio y el fin, Dios de revoluciones. Así el nacionalismo siempre tiene dos caras, principio y fin de una única manera de hacer política, de un objetivo único: la separación. Ayer me decía una amiga que no entendía como algunos españoles están dispuestos a hacer el mal, aún volviéndose este contra ellos. Estoy convencido que es parte de la esencia nacional, por esos pueblos de España vemos ejemplos manifiestos de disputas generacionales entre hortelanos, vecinos y familias. Nada nuevo bajo el sol. Manifiesta es la disputa interna de la derecha española, mientras el único beneficiado es su enemigo. Del mismo modo en la política de las vascongadas, el nacionalismo lo único que logra es matar la tierra, enfermar el ganado y arruinar al vecindario, siempre en aras del ideal de una independencia, que es un proyecto vago y abstracto, humo y niebla. Porque más allá de esa separación del estado, no hay nada, está el vacío, el mar ignoto, pero eso no importa, nadie se cuestiona ese momento del futuro.

En mi opinión, la realidad reside, como es costumbre, en que a los políticos que viven de la marca nacionalista no les importa tanto el fin como el camino, porque en verdad de lo que viven es de su retórica, probablemente ni si quiera crean la mitad de lo que dicen, al fin y al cabo son eso, políticos. Del mismo modo, la otra faz de la serpiente, ETA, el brazo tonto y armado del separatismo, no se crea el fin, es como una banda de funcionarios que viven del crimen, son una mafia instalada en el negocio del terror, que no lo olvidemos mueve mucho dinero, es una forma de vida como cualquier otra, y mire usted, que no en vano llevan en el negocio medio siglo.

Mentar que en un país, donde el estado tiene fuertes recursos legales y de fuerza, que una banda criminal lleva campando a sus anchas medio siglo, es una evidencia de clara debilidad de las instituciones. Todos los gobiernos de la democracia (exceptuando a los de José María Aznar), no solo los nacionalistas, son responsables del sustento de ETA y habría que analizar los oscuros intereses que han permitido toda esta locura. La política de pacificación solo hace más agresivo al agresor, esto es un dogma incuestionable, una realidad en nada abstracta, un hecho tozudo. La receta para acabar con ETA no es negociar con ella, no consiste en dar pábulo a sus demandas, ni pasa por intentar comprender sus postulados o hacer pedagogía barata, el mal no tiene solución, solo se le puede combatir. La receta es sencilla, persecución sin fin, cadena perpetua, trabajos forzados e ilegalización de todos los partidos separatistas, así en diez años habremos acabado con el problema, no lo duden ustedes. Por ello háganse una pregunta ¿Qui prodest?, ¿a quien beneficia ETA?: la lista puede ser más larga de lo que ustedes puedan imaginar.

Diariamente son evidentes los signos de enfermedad en nuestra democracia, para detectarlos no se precisa ser ni augur, ni tan siquiera médico. España avanza merced a la incercia, cada día más esforzada y sudorosa, bajo el peso de miles de problemas sin solución, porque sencillamente a nadie le importa. Los compromisos, los intereses, las corruptelas y la ausencia de libertad real son un lastre para una democracia que, como es tradición en las Españas, siempre a muy pocos beneficia.
Es tiempo aún de cambios, se precisan reformas, regeneración, limpieza y una cierta honradez. No lo olvidemos, pues los políticos son fiel reflejo de la sociedad, entre tanto continuemos mirando a otro lado, el monstruo de la crisis nacional seguirá perpetuándose in eterniam. Seamos mejores para vivir mejor.

1 comentario:

Mike dijo...

No en vano, como decía J.A. Cebrián, ETA debería llamarse ETA S.A. Y algún que otro partido también debería denominarse como sociedad anónima.

Saludos.