
JOSE MANUEL ARECES.-
Recientemente conversaba con unos amigos en animosa tertulia sobre la situación política en España. Todos coincidíamos en dos cosas: que el gobierno Zapatero es el peor de la historia y muy peligroso para los que desde la derecha pensamos y queremos una España fuerte, orgullosa, pujante en el contexto internacional y próspera. Una tierra donde impere la seguridad jurídica para el individuo, una España donde cada cual pueda tener oportunidades para forjar su futuro, y donde el estado no intervenga, prácticamente, en cualquier aspecto de nuestras vidas, alienando al individuo en bien, no ya del colectivo, sino de ese ente sin alma que es el estado.
La otra cuestión en la que coincidimos, era que Rajoy no representaba ni de lejos la persona que necesita España en general, y la derecha en particular, para liderar el viaje de regreso de la nación al modelo de sociedad que concebimos y deseamos, no solo para nosotros, sino para el futuro de los más jóvenes. En ese punto se presentaron dos opciones muy distintas, que creo son ambas muy representativas de las que hoy por hoy animan las tertulias de ese cosmos humano, que es lo que algunos llaman la derecha española: La conveniencia o no, de votar al Partido Popular al que representa Rajoy. Como resulta evidente una de las posturas, era la del mal menor. Para algunos es preciso y urgente acabar con Zapatero, y por ello taparse la nariz y apoyar a Rajoy con todas nuestras fuerzas. En mi caso me alinee en la opción contraria, aquella en la que algunos pensamos que el voto útil es un error, que en nada nos beneficia como personas y nación, y solo da alas para que los peores representantes se aúpen y aferren al poder, y luego cueste más deshacerse de ellos. Porque desde nuestro punto de vista no hay nada relativo, y el mal es malo per se, por muchos adjetivos que se le quieran añadir, igual que hay muerte y vida, luz y oscuridad. Se trata de cuestiones absolutas. Por tanto si caemos en el posibilismo, considero que estaremos perdidos.
En este contexto hay que tener una cuestión muy clara, la izquierda española tiene un modelo de sociedad muy claro, y un plan a largo plazo para llevarlo a cabo. Igualmente los separatistas tiene también un modelo social y un plan, sin embargo los representantes políticos de la derecha solamente tienen un programa electoral y un plan de gobierno para cuatro años. Y esto es un terrible error. Porque la izquierda no da nunca un paso atrás, y poco a poco avanza utilizando todos los medios para lograr sus objetivos, desde hace treinta y cinco años. Sin descanso.
Como insiste mucho en decir Esperanza Aguirre, se precisa un rearme ideológico, porque ahí está el debate de esta sociedad. Estanos jugando con cuestiones muy serias y de amplio calado que afectan al conjunto de nuestras vidas. Porque las dos Españas han venido a manifestarse, resucitadas a causa del revanchismo radical de Zapatero. La izquierda que hoy sufrimos no gobierna para toda la ciudadanía, beneficia exclusivamente a los suyos, y busca el aislamiento moral y social del que no se adhiera o pliegue a sus postulados. La izquierda modela las almas y los pensamientos e imbuye en todo ese proceso al conjunto de la sociedad, como si de aprendices de brujo se tratase. El socialismo y el separatismo son clientelares, al amigo plata y al enemigo palo. Zapatero está acelerando el plan de crear una sociedad modelo socialista, con medidas radicales y urgentes, Zapatero tiene prisa y no da puntada sin hilo, pues todas y cada una de sus medidas no son de gobierno, es decir destinadas a gestionar o solucionar tal o cual cuestión administrativa, no es así. Zapatero está creando un estado totalitario, donde finalmente los individuos queden sometidos a un gobierno absoluto, donde la individualidad sea sofocada, donde el pensamiento sea vigilado, la discrepancia aislada socialmente, y la libertad sea, como en las dictaduras bananeras, una frase para exhibir en pancartas muy de vez en cuando. A los españoles, como a la rana del cuento, les han metido en una olla de agua fría, y han ido aumentando poco a poco la temperatura, hasta el punto de ebullición, y como la rana, nadie se ha dado cuenta de que nos iban a escaldar, y así no hemos salido de un salto. Como decía, esto es el producto de un plan a largo plazo, donde el control de los medios de comunicación, la instalación de una mentalidad colectiva sobre lo que es bueno o malo, el dominio de la educación y la cultura, son las armas para moldear a una sociedad muy poco a poco, a fuego lento. Y a fuego lento, añado, nos encontraremos un día cualquiera, desposeídos de nuestra libertad y soberanía individuales.
Teniendo claro que es esta la situación que estamos viviendo, donde la religión es sustituida por la opinión moral del estado, donde la autoritas de los padres y la familia son relevadas por instituciones dominadas por el pensamiento único, donde las prohibiciones se van agolpando y encorsetan nuestra libertad individual, donde el empleo lo da el estado y no las empresas, o donde todos nuestros ingresos han de parar en las arcas públicas, porque nosotros no podemos decidir en qué gastarlos, hemos de pensar muy seriamente como ciudadanos, y ahora que aún conservamos nuestros votos, decidir cuál es la dirección que hemos de tomar. Porque en mi opinión, es tan fuerte la convicción de la izquierda, y tan débil y acomplejado el político de a pié del Partido Popular, que hay cuestiones que ya se dan por asumidas y gobierne quien gobierne, los “avances” del socialismo perduran, sin marcha atrás posible por miedo al escándalo. A este punto hemos llegado, los líderes de la derecha sometidos al poder del pensamiento único, doblegados ante la fuerza moral de la opinión del contrario. Con esto me refiero a que en la dirección del Partido Popular existe la ambición ambivalente de gobernar el día a día, y no revertir el modelo socialista. Esto significa que a nuestros líderes populares solo les interesa el poder, y que piensan que desde allí podrán cambiar las cosas, pero esto no es así, porque el problema es mucho más profundo y no lo ven. Aquí se debaten cuestiones de mayor calado que afectan ni más ni menos que nuestro modo de vida.
En el acalorado debate que se suscitó por estas cuestiones durante nuestra tertulia, y en defensa de la importancia de la independencia de criterio del individuo, puse como ejemplo una serie de cuestiones que definen el pensamiento y las formas de Mariano Rajoy, y aquellos que le sostienen.
El famoso congreso del PP en Valencia, en donde se consolida el poder de Mariano Rajoy, vino precedido de una serie de presiones y movimientos antidemocráticos, en todas las locales del partido, destinadas a nombrar compromisarios marianistas, de tal manera que se favoreciera un congreso a la búlgara en un momento en el que muchos militantes, clamaban por unas listas abiertas, y por una renovación profunda, y un debate desde las ideas y los valores. Las amenazas al entorno de Esperanza Aguirre y otros pocos líderes divergentes, tuvieron su efecto. Y con la persecución de los que defendían las listas abiertas la rebelión quedó sofocada.
Otro caso ejemplar fue el de las primarias del PP en Cataluña. Con tal de cercenar la vía de Montse Nebrera, se cometieron todo tipo de ilegalidades y se impuso una candidata única “de consenso” que era de la cuerda de Rajoy. Fue un espectáculo bochornoso, y un insulto a la libertad y capacidad de decisión de los militantes. Esas son las cacicadas que destacan en la izquierda, y no a mi partido. A pesar de las presiones, la valentía de Nebrera al mantenerse como candidata, puso en evidencia las vergüenzas (o mejor, la falta de pudor) del entorno de Rajoy, del entorno del establishment popular, esa máquina de miles de asalariados de la política, que por no perder el empleo, se defienden con uñas y dientes. No defiendo que Nebrera fuese o no la candidata ideal, esa no es la cuestión, sino su derecho a presentarse candidata libremente a la elección de los afiliados. Un buen político, no debería de tener miedo de someterse a la opinión de sus compañeros, y competir en buena lid.
Por sus acciones les conocerás. Estos dos casos ponen de manifiesto, que Rajoy no es el hombre que vaya a traer el modelo de estado que favorezca la libertad, y la independencia del individuo, como quiere la mayor parte de la derecha llamémosla sociológica. Un hombre que por mantenerse en el poder es capaz de hacer lo que sea, por encima de los intereses de sus militantes no merece mi voto. Para colmo, Rajoy ha mostrado en muchas ocasiones su falta de interés por las necesidades de la calle, de sus votantes, y ha realizado una oposición muy cómoda para un Partido Socialista acorralado por una difícil situación. El Partido Popular se ha nutrido de numerosos políticos profesionales que no tienen ideología, cuyo máximo interés es gobernar, ostentar el poder y plegarse a las corrientes de la prensa diaria, o de lo políticamente correcto. Eso no es lo que necesitamos, para ello ya tenemos a Zapatero.
Prefiero que Zapatero se hunda solo ahogando a esta sociedad, empujándonos a la rebelión cívica, que tener un inútil interregno con Rajoy. Y esto lo resumía en una ejemplo muy claro, porque si Rajoy ganase la elecciones, yo no podría salir a la calle de pura vergüenza por la mofa de los contrarios, porque cada vez que Rajoy metiese la pata o se escondiera de los problemas, mis conocidos de izquierdas y los independientes iban a saber aprovechar muy bien la ocasión para pasármelo por las narices.
Sinceramente no voy a favorecer el mal menor. No mientras el PP no se oponga claramente al aborto y lo prohíba, no mientras no devuelva los crucifijos a las aula, no mientras no suprima la Asignatura para la Educación de la Ciudadanía, no mientras no reforme la ley de partidos y haga que cada voto valga lo mismo sea cual sea la región española. Quiero un Tribunal constitucional y un ministerio fiscal independiente. Quiero la abolición de las prohibiciones. Quiero Cajas de Ahorros sin políticos en los consejos de administración. No votaré al Partido Popular, mientras no tenga un plan de reversión del modelo de sociedad, que nos han impuesto los socialistas e independentistas. No votaré al Partido Popular como si fuera de izquierdas, porque yo no voto marcas, yo voto a un programa ideológico, a un modelo de estado pequeño, ligero, y de sociedad libre. Quiero libertad, necesito un país donde se pueda respirar.
Mi postura, y espero que la de muchos de los que estamos en la derecha, es la de defender unos principios vitales y apoyar a aquellos que estén dispuestos a llevarlos a cabo, con coherencia y respeto a la inteligencia y capacidades de los ciudadanos, porque no somos borregos. No nos engañemos, la política española ha llegado a tal situación, que se ha convertido en una confrontación de dos maneras de ver la vida, dos modelos de estado y los valores se han convertido en el campo de batalla. Por tanto no secundaré nunca jamás la vía del voto útil y de ningún mal, sea menor, minúsculo o insignificante, conmigo que no cuenten para este viaje, porque el futuro se plantea muy negro para los que deseamos el imperio de la libertad.
Lo único que ha aportado Mariano Rajoy es la desesperanza a los votantes y afiliados, el imperio del caciquismo, y un modelo que en nada favorece la democracia interna en el Partido Popular. Y porque soy de derechas pienso y decido por mí mismo, porque soy de derechas no acepto cualquier solución de liderazgo. Porque soy de derechas, y tengo unos valores, no permito que un señor de Pontevedra, me diga que como afiliado no tengo madurez o formación para decidir con mi voto, cual es el candidato que más me conviene. Porque soy de derechas, y creo en la libertad individual, no acepto plegarme a disciplina de partido si mis principios están en juego. Porque yo, sí soy de derechas señor Rajoy, y no me da vergüenza reconocerlo públicamente, lo hago con orgullo y sin complejos.
Si el Partido Popular en su conjunto no es capaz, ni tiene los valores para crear un modelo de sociedad que permita a todos vivir en ella, sea cual sea el pensamiento de cada individuo, habrá que impulsar desde el centro del partido y la sociedad civil, organizaciones que presionen el cambio de dirigentes dentro del partido y relevar con nuestro voto a los políticos de baja calidad que hoy sufrimos. Tenemos el voto en blanco y la abstención como opciones, tan o más validas, que plegarnos a una marca por la marca como borregos. Podemos elegir no votar a Gallardón en el ayuntamiento, sí a Esperanza en las autonómicas y no a Rajoy a las nacionales, podemos hacer muchas cosas aún con libertad e independencia de criterio, porque somos de derechas y además estamos orgullosos de ser así.










