sábado, 29 de marzo de 2008

La necesaria renovación del PP asturiano

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JOSE MANUEL ARECES

Escribía en estos días mi admirado Javier Neira, una de las pocas plumas honradas y valientes que quedan en el periodismo asturiano, que en la reciente marejada que se ha formado en el Partido Popular asturiano, como consecuencia de la derrota electoral, un grupo de intrigantes intenta animar a Alicia Castro, para que dispute la presidencia del partido a Ovidio Sánchez en el próximo congreso regional. Neira afirma que Alicia puede acabar como Juan Morales, abatida por la falta de apoyos de Madrid, por una ejecutiva que no sabe ganar elecciones en buena lid, pero sí congresos internos, abandonada por los que le prometieron su apoyo. Puede que Javier tenga razón, es muy probable este escenario, especialmente como el aduce, porque en Madrid tras una derrota el partido cierra filas entorno a Rajoy, y esta situación tiende a reproducirse en todas partes de manera casi vírica.

Ante todo he de decir que el escenario dibujado por Javier Neira es de lo más sensato, la experiencia siempre tiene la palabra adecuada y el razonamiento avalado por los hechos, ahora bien; disiento con Neira en una serie de cuestiones. Es cierto que cuando Madrid niega el pan a un candidato este lleva muchas papeletas para la derrota, es cierto también que el partido tiende a formar piña ante la derrota para guardar las apariencias, pero también no es menos cierto que hay que valorar todos los elementos y experiencias vividas en esta cuestión. Me explico: Rajoy es un lider que ha sufrido dos derrotas, de las cuales la primera apenas se le puede achacar dados los sucesos del 11M (no es el caso de Ovidio Sánchez que es un perdedor profesional, en tres ocasiones seguidas), el propio Neira apunta a que no repetirá como candidato para 2012, sino que señala a Dolores de Cospedal (aún es muy pronto para hablar de esto) y precisamente este relevo en candidaturas se debe a que en el PP hay marejada.

El personal no está nada contento, y hay ocasiones en las que cuesta guardar las apariencias y lavar los trapos sucios en casa. El Partido Popular se enfrenta a la mayor crisis de su historia y esto es debido precisamente a ese estilo tan prudente y cuitadin de guardar las apariencias en toda circunstancia. El PP tiene una crisis ideológica importante que ni la propia FAES ha podido solucionar aún, cuenta con una recua de barones que imponen su santo poder de una manera antiestatutaria, en muchos casos, y que tienen en su puño al presidente nacional, barones que son en algunos casos un cáncer para el partido. Están a punto de surgir diversos incendios en muchas regiones, y esto es a causa de la falta de liderazgo, de democracia interna, de respeto por los afiliados y de apego al poder de unos dirigentes que en mercado laboral no durarían ni cinco minutos vivos. Este es el verdadero escenario, y sí querido Neira, se han ganado congresos sin el apoyo de Madrid, me viene a la memoria el reciente congreso de nueva generaciones en la Coruña, donde se impuso el candidato que no quería Feijó. Para que esto ocurra simplemente hace falta contar con una mayoría de compromisarios y un candidato oficialista muy, pero que muy flojo. Pienso que esta ocasión puede reproducirse en Asturias, para ello se precisa de un candidato con un gran ascendiente sobre las bases y sobre los dirigentes locales, se precisa también de una mayoría de compromisarios de las dos juntas más poderosas, Gijón y Oviedo. Estos son los apoyos necesarios, en caso de tenerlos el candidato recibirá una oferta con la mediación de Madrid de evitar a toda costa que se presenten dos candidaturas (por aquello de guardar las apariencias y no mostrar lo que es conocido de todos, la disensión interna), bien con una promesa cara al futuro o con un reparto de poder en la junta directiva regional. Juan Morales en su primer envite aceptó dicha oferta, y ahí es donde cometió su mortal error porque se la dieron con queso. Al enemigo no se le puede dar agua, solo y acaso puente de plata.

Alicia Castro reúne muchos más apoyos que Juan Morales en su mejor momento, tanto de las bases como orgánicos, es una mujer inteligente, luchadora y que da miedo a Ovidio Sánchez y a su guardia pretoriana. El problema reside en que es pronto para postularse porque no puede ofrecerse información al contrario, es mejor que el mueva ficha, hay que sopesar lo apoyos y su consistencia, porque ya se sabe la fragilidad de lo apoyos de un Gabino de Lorenzo que fluctúa más que la bolsa de wall street, los de Gijón andan divididos y no se sabe en que pueden acabar, hay que valorar la posición de unos diputados que hoy te sonríen pero andan más preocupados por su sueldo asegurado al calor de un Ovidio complaciente que ante los cambios que traería la Castro, y por los que estos diputados saben que terminarán pagando sin remedio en muchos casos. Porque al final hay que hilar muy fino y sobre todo sumar apoyos firmes, sin temores ni cambios de rumbo.

Aún hay mucho por ver en este juego, pero lo que si considero cierto es que no se puede ganar sin aceptar riesgos, Alicia Castro está fuera de la política, en una posición muy cómoda, y si finalmente acepta el envite merece el mayor de nuestros respetos porque sacrifica mucho en la apuesta. El argumento usado torticeramente, de que no es coherente dejar la política y volver a los dos días, tiene poco peso y mucho miedo escondido, hay que conocer las verdaderas circunstancias que forzaron a Alicia a dar dicho paso.

Hace tiempo que la cuenta atrás comenzó en el reloj de Ovidio Sánchez y sus acólitos, y sus esfuerzos por mantenerse rayan la bajeza, como fue el caso de imponer de número dos en la lista al congreso al fósil Isidro Rozada, con la única intención de hacer perder votos y fuerza moral a Gabino de Lorenzo (eso se llama traición en toda regla), cuando el juego más sucio se emplea con los propios y no contra el contrincante real, mal andan las cosas en casa, pero que muy mal. Personalmente me gustaría que la Castro diera el paso, porque es necesario no un cambio, sino una regeneración completa, porque hace falta que no en el próximo, sino en el siguiente congreso regional, pueda presentarse quien quiera sin tener que hacer todos estos cálculos y alardes de estrategia, porque entonces sabremos que hay democracia interna. Y lo que más falta hace es contar con un candidato a la presidencia del Principado que en primer lugar se crea con posibilidades de ganar, que no se sienta más cómodo en la oposición, holgazaneando a costa de los votos fijos y el sueldo que en la calle nunca encontrará, y sobre todo Asturias precisa un cambio radical de gobierno.

Con un buen líder, un partido ilusionado y cohesionado se puede vencer. Y ahí señores, solo una persona puede enfrentarse al omnipotente PSOE con posibilidades de ganar: Alicia Castro Masaveu. Es cierto que se necesita un partido hecho una piña, pero no en la apariencia, sino en la realidad, prolongar el mandato de Ovidio Sánchez ya sabemos en que acaba; penurias, división interna permanente, y el imperio de la mediocridad, más vale ponerse una vez colorado que ciento, y pienso que el electorado verá con muy buenos ojos una renovación completa. Postergar por parte de Madrid la necesaria renovación una vez más, solo generará la destrucción del Partido Popular asturiano, el gozo en un pozo del PSOE, ni más ni menos.

La sociedad civil frente al estado

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JOSE MANUEL ARECES

Mucho se habla en los últimos tiempos de la sociedad civil y su importancia en democracia. Obviamente es únicamente en democracia donde un conglomerado de organizaciones surgidas de la sociedad pugnan, generalmente con los gobiernos, por la defensa de un sector determinado o una serie de derechos en concreto.

Así las llamadas organizaciones no gubernamentales son agrupaciones de ciudadanos en defensa de un ideario colectivo. Lógicamente cada nación tiene su problemática interna y dichas asociaciones se forman al albur de esta problemática nacional. También existen organizaciones multinacionales o globales que se ocupan de temáticas más universalistas, como es el caso de la ecología (Greenpeace), los derechos humanos (amnistía internacional) etc.

Ocurre que dependiendo del país unas organizaciones están más o menos primadas o favorecidas por su gobierno, dependiendo de las coincidencias ideológicas, quizás con la salvedad de EE.UU. donde para estas cosas son bastante liberales, y dichas organizaciones entienden que para mantener pura su ideología y fines, deben financiarse en el sector exclusivamente privado.

En el caso de España, que más directamente nos atañe, la sociedad civil está tradicionalmente muy mediatizada por una serie de estigmas, tanto históricos como políticos y organizativos.
Los políticos españoles y la ciudadanía en general conservan un sistema estatalista, que ni con la democracia se ha superado, cierto es que este es un problema muy europeo, pero en lo que nos atañe, viene a suponer que dicho sistema; carece de las libertades necesarias, para que las organizaciones que agrupan a la sociedad civil, se desarrollen convenientemente y posean la fuerza que requieren. Me explico; Sociedad civil y Estado son por definición dos conceptos antagónicos, en mi modesta opinión, o deberían serlo. Sin embargo, la sociedad española gira entorno al estado y sus ramificaciones.

Existe una separación cada día más importante entre la casta política, la funcionarial y el resto de la sociedad (a la vista están las encuestas y el cada día más elevado grado de abstención electoral). De esta manera el estado ordena todos los aspectos de la vida social y los administra. Esta es nuestra realidad y podemos encontrar ejemplos por doquier. Hemos vivido cuarenta años en un estado autoritario, tras superar la guerra civil el estado se ocupaba de la reconstrucción nacional, y ordenaba todo en la vida de los españoles, posteriormente y con la llegada de la democracia, la sociedad no supo romper con el estado en determinados ámbitos y este continuó ordenando la vida nacional.

Así, paradójicamente, el estado crea problemas y los soluciona, la sociedad encuentra carencias y demanda soluciones al estado, esta es la realidad española del siglo XXI. Temas como la vivienda, el empleo, comercio exterior, cultura, educación, etc; son dirigidos por el estado, en segundo grado las ONG actúan como subsidiarias aplicando los fondos y políticas estatales en determinadas cuestiones. Las cámaras de comercio por poner un ejemplo, desarrollan sus programas de trabajo al albur de las convocatorias anuales de subvención que lanzan las distintas administraciones, de hecho muchas de estas cámaras están gobernadas por políticos o amigos de estos.

Así, las principales ONG del país son los partidos políticos. De esta manera encontramos militantes de un partido en asociaciones vecinales, ecologistas, culturales, etc. Y estos militantes terminan respondiendo en sus actos a la política general que dicta el partido. El partido asimismo gobierna en ayuntamientos, diputaciones, comunidades autónomas o en el gobierno nacional, de tal manera que la política partidaria y la distribución-asignación de fondos para las ONG empieza y termina siempre en el partido. Esto significa, con toda claridad, que el partido decide sobre todos los ordenes de las vidas de los ciudadanos, y dado que estos partidos no tienen listas abiertas, ni democracia interna; podemos concluir en que poca libertad existe fuera de lo políticamente correcto.

Evidentemente la mayor parte de la culpa podemos dejarla caer en la ciudadanía, dado que en este país los que deciden en ultima instancia son los ciudadanos, pero el pesebrismo institucional ha calado con tal fuerza en nuestras vidas que pocas actividades pueden realizarse al margen de la subvención. Cierto es que la libertad cuesta, y exige un precio, pero la libertad significa poder; poder para decidir y para hacer, poder para equivocarse o acertar. La sociedad no es culpable de haberse criado en un sistema estatalista, pero si lo es de no demandar soluciones y de no mojarse en buscarlas.

Es sencillo, cada vez que tengamos un problema no podemos acudir a papá estado, pues limitamos nuestras libertades a favor del partido gobernante. Romper con una tradición de siglos de limosnerísmo es difícil, pero; si deseamos vivir en una nación moderna y con futuro, debemos cambiar.
En primer lugar debemos asumir que cuanto más pidamos al estado, mayores impuestos nos recaudará, lo cual irá en detrimento de nuestra capacidad adquisitiva, y por ende en nuestra libertad de decidir.

Trabajamos por un salario o beneficios empresariales, de los cuales gran parte se van en impuestos directos o indirectos, estos impuestos los manejan los políticos, distribuyéndolos en nuestro nombre a su antojo. ¿Cuántas veces no hemos quejado de los gastos en comilonas, de los viajes innecesarios, de las plaquitas, los coches oficiales, y de la ineficacia de muchos funcionarios?. Bien pues la culpa es nuestra, los políticos hacen por orden nuestra. No conozco a ningún político tan valiente como para oponerse al deseo generalizado y las demandas de una mayoría de electores, dado que el político común destaca por disponer de pocas ideas originales, vive pendiente de encuestas, es decir de nuestra opinión, A DIARIO.

Precisamos un cambio. Este cambio en el eje del poder no supone que ahorremos en nuestro presupuesto, al menos inicialmente, sino que paguemos menos impuestos por determinadas cosas y que decidamos individualmente que hacer con ese dinero, al leer esto más de un político podría echarse a temblar, pues no debe, pues en el fondo la solución es buena para ellos también.

Podemos comenzar con pequeñas cosas, ya que no es cuestión de cerrar la seguridad social, por ejemplo podemos comenzar con los fondos destinados a la iglesia o fines sociales, ¿recuerdan esa casilla en la declaración de la renta?. Supongamos que se nos exime de destinar esa cantidad ¿qué pasaría?: NADA.
Los españoles en una gran mayoría ya destinamos fondos privados a financiar ONG fuera de nuestros impuestos. Entonces, ¿qué sentido tiene pagar ese concepto?, y, ¿qué cambiaría?. Solo cambiaría una cosa, el estado no destinaría fondos a las ONG que quiera favorecer, nosotros tendríamos la libertad de decidir. Claro que el político de turno diría que estaríamos perjudicando a algún fin social,: MENTIRA; los únicos perjudicados serían: el político de turno que dirige dichas actividades y la recua de funcionarios adscritos a la gestión de dicho dinero. ¡Quien ganaría con esto?: Las ONG, por ende los ciudadanos y los destinatarios de sus actividades sociales. Cierto que las ONG lanzaría una parte importante de sus actividad a publicitar sus programas y a demandar sus fondos a la sociedad y no al estado (es decir; comenzarían a competir entre ellas), pero; ¿No lo están haciendo ya?.

A largo plazo el político ganaría, pues el absoluto control de la vida diaria del país hace que no pueda tener respuestas ni soluciones para todo. Lo sé de buen grado, he trabajado con ayuntamientos y conozco la problemática de administrar un presupuesto finito para miles de demandas de lo más dispar.

Los más perjudicados por vivir en un estado donde las libertades civiles sean fuertes y el estado pequeño pero eficaz son algunos políticos, funcionarios y trabajadores subsidiarios que tendrían que recolocarse en otras actividades. Pero un sistema civil fuerte crea oportunidades para esas personas, el sistema actual es un engaño, y lo peor nuestra sociedad está corrupta. Somos corruptos porque aceptamos la limosna y callamos. ¿Quien no quiere que su hijo sea funcionario?, ¿quien no desea un carguito en una empresa o fundación pública?, ¿o una prejubilación de minero?. Nuestro estado es carísimo y poco eficaz, vivimos pendientes de que el padre estado lo solucione todo y no es posible.

Es un error pensar que el estado nos subvenciona una actividad, nosotros nos subvencionamos, simplemente hacemos que nuestro dinero de más vueltas antes de regresar, y que por el camino se quede un porcentaje para pagar al que decide devolvérnoslo, esa es la cruda realidad.

La libertad cuesta, es un bien preciado, pero su posesión nos ofrece un futuro más halagüeño que el de un estado enorme, que parece que cualquier día estallará por los cuatro costados. Una última ventaja; si nuestros fondos son mal gestionados por el presidente de la comunidad de vecinos; es más sencillo, eficaz y barato llevarle a juicio que a un político o funcionario, piensen en ello.

miércoles, 26 de marzo de 2008

Ser Liberal

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Anteponer individuo a grupo

Defender lo bien gestionado frente a lo mal gestionado, esto es, lo privado ante lo público.

Reconocer que la riqueza se crea, no se reparte.

Que hay que ganarse la vida, no vivir a costa de la de otros.

Y que quien crea riqueza no es un apestado al que hay que desvalijar, sino el motor de nuestro mundo.

Que el libre mercado, con garantías y seguridad jurídica, es la única forma de relación entre individuos que no desemboca en esclavitud.

Que la mejor forma de distribuir la riqueza es dejar actuar al mercado libre.

Que los ciudadanos son capaces de tomar sus decisiones, y afrontar ellos mismos las consecuencias tanto cuando aciertan como cuando se equivocan.

Es negar que la sociedad sea la culpable de los desmanes que cometen sus individuos.

Es asumir que el dinero donde mejor está es en el bolsillo del que lo ha ganado que es su DUEÑO. Y que nadie mejor que él sabe como y en que gastarlo. Si lo hace bien, mejor para él, y si no, es SU problema.

Es no poner un impuesto a la hormiga para mantener a la cigarra.

Es NO preferir libros usados gratis en los colegios, a asumir el gasto como padre.

Es NO preferir un mal dentista gratis para los niños, a pagarlo de mi bolsillo como padre.

Es NO preferir ir a un médico gratuito cuyo criterio para prescribir un fármaco o una prueba diagnóstica sea el de los políticos que le pagan.

Es saber que médico, colegio, libros y dentista públicos NO son gratuitos, sino muy muy caros. No que los paga otro por mí, sino que los pago yo OBLIGADO.

Es tener claro que no hay nada gratis.

Es preferir la voluntariedad a la obligación.

Es libertad de elección frente a imposición.

Es responsabilidad frente a subsidiariedad.

Es esfuerzo-recompensa, no esfuerzo-castigo.

Es valor-premio, no necesidad-premio.

Es tener principios frente a ser relativista.

Es querer un estado limitado que deje vivir a los ciudadanos.

Es no discriminar a la gente en función de la pertenencia a un grupo.

Es pensar que una mujer es igual, en derechos y obligaciones, a un hombre.

Es estar en contra de la discriminación positiva.

Es que el mérito para obtener un trabajo sea tu esfuerzo y tu formación, y no la renta de tu familia o tu posición social.

Es premiar la capacidad frente a la necesidad o la indolencia

sábado, 1 de marzo de 2008

Derecho moral a opinar de la Iglesia

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JOSE MANUEL ARECES

Andan estos días levantiscos los socialistas y sus socios de IU, BNG, CIU, ERC, PNV, y demás caterva de moralistas prógres. Andan levantiscos porque les choca, al parecer, que la Conferencia episcopal española emita una opinión moral a sus fieles, recordándoles a quien conviene votar en estas elecciones.

Pero ¡hombre!, ¿no pensaría la legión prógre que después de perseguir a los católicos, inmolar cualquier vestigio de profesión de fe en nuestros escolares, adular al muslime, sacar a De Juana de la cárcel y patear el orgullo de la nación española, la jerarquía católica les iba a dar la bendición?. Vamos a ver, sean coherentes los señores del PSOE, no pueden andar toda la legislatura persiguiendo curas, promulgando leyes que atentan contra la moral católica y luego esperando el voto de los fieles a Roma.

Lo más curioso de la “moral” de nuestros gobernantes es lo sinvergüenzas que son: tachan a la curia de integrista: ¿y que es el integrismo?. ¿Acaso pueda ser que se favorezcan leyes como la que impulsa el gobierno Catalán, que prohíbe celebrar Misa, y reunirse para hablar de religión, sin una licencia municipal?., ¿no será, tal vez; integrismo moral, el hecho de que el Colectivo de Jóvenes feministas y la Plataforma andaluza de apoyo al Lobby europeo de mujeres, hayan proclamado una campaña denominada: “Otra Forma de Hablar”, mediante la cual debemos expresarnos diciendo: mi marida, hembra, en lugar de miembro, o trabajadora del hogar en lugar de ama de casa, Etc?. Me parece que de integrismo, y de intervencionismo sobre la moral también podríamos hablar, cuando recordamos como el gobierno andaluz ha dictado un decreto, para organizar los juegos de los niños, con el fin de estimular no se, si el hermafroditismo o ampliar la confusión que ya aplasta a nuestros pobres infantes. El hecho de que Izquierda Unida reclame la conversión de la catedral de Córdoba en mezquita parece que tampoco merece más comentarios. ¿Y que decir de que el BNG y PSOE subvencionen las lápidas funerarias en lengua gallega?, ¿o que se multen los comercios catalanes y gallegos que no rotulen o publiciten en las lenguas regionales?. ¿No es esto integrismo?. Blanco y en botella amigos.

Resulta curioso el afán de nuestros políticos del lado progre por pontificar y meterse a adoctrinar moralmente a la sociedad, con el único fin de crear un estado totalitario plagado de mentes estrechas y adoradores del pensamiento único, cuando no soportan la intervención de la sociedad civil en política, no aguantan la voz discrepante, salvo la adulación de sus colectivos afines, aquellos que los jalean; bien sea por concomitancias ideológicas, o fines más pesebreros. Porque resulta muy gráfico que al gobierno le parezca mal que la iglesia haga recomendaciones a sus fieles, cuando aplauden, sin sonrojo de ningún tipo, que la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (Felgtb) pida a los españoles que "no voten al Partido Popular" en las próximas elecciones generales, al tratarse de un partido "profundamente homófobo que persigue el apartheid" de este colectivo. ¡VIVA LA IGUALDAD!. Maravilloso y sin comentarios es el caso de los titiriteros y sus petulantes himnos a la "alegría", acompañados de denuncias a esos millones de imbeciles que votan al Partido Popular,: muy respetuoso. Y desde luego si las recomendaciones en favor del PSOE vienen del púlpito musulman, ¡nada que decir!. Supongo que esto de debe de ser la famosa "discriminación positiva".

Aquí hay una guerra y no es solamente ideológica, sino que se combate en el terreno de la moral, y es precisamente en ese campo de batalla donde más tiene que decir la Iglesia Católica, ¿Quién si no?. La Iglesia, como cualquier estamento religioso trabaja sobre las almas y las mentes, justamente el campo en el que los prógres pretenden entrar, pero por la puerta de atrás, o sea; desde el mundo de la política; que supuestamente se debe ocupar de la gestión de lo público, no de nuestra moral, que es algo personal e intransferible, la esencia de nuestra libertad, como seres únicos e irrepetibles. Ahí está el escándalo pues el marxismo, me da igual de que tinte vaya dibujado, pretende uniformar a las personas, aplastar al individuo en favor del colectivo, matar el alma en favor de la supuesta razón del pueblo, razón que por supuesto no es colectiva sino dictada por una minoría: la aristocracia gobernante. Si no, vayan ustedes a Cuba o Venezuela a verlo, y luego me lo cuentan.

Si aquí alguien es antidemócrata, ese es nuestro gobierno, y toda la recua sobre la que se apoya. ¿Cómo se atreve Zapatero a decir que los obispos pretenden utilizar el terrorismo, cuando es precisamente él, quien lo utilizó y lo utiliza en favor de sus intereses de poder y gloria?. No basta con que los socialistas mal administren nuestros bienes, y gasten un Potosí en propagar como un virus su nuevo régimen, sino que además necesitan de los púlpitos para adoctrinar a la masa.

Vivimos tiempos que traen a las claras ecos de un cambio de régimen, hay una guerra pública y patente, declarada formalmente, por definir en que país vamos a vivir. Pagamos hoy los errores del ayer: una democracia nacida al impulso de una transición que erró de largo el tiro, al admitir las demandas de separatistas y radicales marxistas, la UCD se pasó del demócrata, al bando del miedo, y por evitar problemas realizó concesiones que hoy estamos pagando. Así lo declaran en estos últimos años padres de la constitución como José Manuel Otero Novas o el reciéntemente desaparecido Gabi Cisneros.

Si definitivamente ha de llegar un cambio de régimen; sea, pero a favor de la libertad individual, y esa libertad incluye el derecho a decidir la educación de nuestros hijos, el derecho a optar por una fe y a vivir con ella públicamente, sin persecuciones moralistas, el derecho a opinar como individuos más allá de las convocatorias electorales, en todo momento, a ser críticos con el poder establecido si así nos viene en gana. El estado no puede ir más allá de la barrera que supone administrar y debe favorecer las libertades individuales y colectivas. La ley debe respetar los derechos de cualquier colectivo o minoría: siempre y cuando no atenten contra la mayoría, como es el caso de la imposición lingüística en Cataluña, País vasco o Galicia. Y el estado debe proteger por encima de todo el derecho a la vida y la seguridad de los ciudadanos, no se puede imponer la cultura de la muerte, sin dar alternativas a la vida del nonato, cuando hay tantas y tantas parejas demandando adopciones, no se puede dar amparo de ningún tipo al asesino, ni reconocer o aceptar razones morales o políticas, el asesinato no depende de una ideología, es un delito, y punto. El estado debe garantizar la igualdad de derechos y obligaciones de los ciudadanos sea cual sea la región en la que residan, una justicia única y ciega que no distinga entre poderosos, políticos y resto de los ciudadanos. El estado finalmente debe favorecer el acceso a la educación, pero es la familia, son los padres los que tienen el derecho inalienable de decidir la educación moral de sus hijos. Porque tenemos una confusión de conceptos, el ciudadano elige, el ciudadano paga, no paga el político, este solo administra y su poder es temporal y exclusivamente terrenal.

Ese es el régimen por el que lucho, en el que un día desearía vivir.