miércoles, 20 de octubre de 2010

Crisis de gobierno, Zapatero prepara un gabinete digno del ocaso de los mediocres

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JOSE MANUEL ARECES.- Editor Periódico Liberal, El reformista

La vieja guardia felipista toma el poder, desaparecen Igualdad y Vivienda, y De la Vega sale del gobierno mientras Pajín pierde el control en el aparato del partido.
Según desvela el diario gubernamental El País esta mañana, Zapatero prepara de manera inminente una amplia remodelación del consejo de ministros. Aprovechando la salida de Corbacho de la cartera de Trabajo, Rodríguez Zapatero prepara el relevo e incluso la supresión de algunas carteras según se desprende de la información publicada esta mañana por el diario de Prisa.

Según informa el rotativo próximo al PSOE, la ex comunista y ex alcaldesa de Cordoba, Rosa Aguilar, entraría como ministra de Medio Ambiente, Rubalcaba se vería premiado, nada menos que con la Vicepresidencia primera del Gobierno, en sustitución de Teresa Fernández de la Vega. El Cántabro seguiría manteniendo en sus manos el control de la Policía política desde el Ministerio del Interior, con el claro objetivo de seguirla utilizando a favor del partido del gobierno para las ya muy próximas elecciones regionales y municipales.

Zapatero hace un guiño al sindicato del partido poniendo a uno de sus hombres al frente de la cartera de Trabajo. UGT aporta su granito de arena con la figura de Valeriano Gómez, el liquidador de la estafa de la cooperativa de viviendas PSV.

El socialista vasco, Ramón Jauregui, se haría cargo del Ministerio de la Presidencia, y a Trinidad Jiménez , como ya es tradición, se la recompensa por los servicios prestados tras una derrota en Madrid, como Ministro de exteriores en sustitución del desastroso Moratinos.
Sin lugar a dudas entre las sorpresas más llamativas se encuentra el posible acceso de Leire Pajín a la cartera de Sanidad. Llama poderosamente la atención que una persona de gran inexperiencia en la gestión, como es la de Benidorm, acceda a una cartera tan importante, aunque puede entenderse que desde la llegada de Zapatero al poder, el Ministerio de Sanidad, se ha convertido en un resorte exclusivamente político para lanzar cortinas de humo, practicar el sectarismo y lanzar llamativas campañas destinadas a hacer ingeniería social. La entrada de Pajín no puede entenderse de otra manera.

Otra de las sorpresas, es la desaparición de los Ministerios de Igualdad y Vivienda cuyas competencias serán asumidas por Sanidad y Fomento respectivamente. Existía un fuerte clamor político y popular reclamando la desaparición de ambas carteras, por su inoperancia absoluta, estos Ministerios siempre fueron dos comisarías políticas sin que se haya conocido de su existencia más que costosas campañas de imagen.

La lectura política de estos cambios nos desvela que el peso del poder recaerá en miembros de la vieja guardia felipista, como son Rubalcaba y Jáuregui. Este cambio de rumbo da a entender que la negociación con ETA precisa del control de dos pesos pesados, conocedores de este entorno, pero también puede estar marcándose una tendencia en cuanto a la sucesión de Zapatero. El Presidente de Aragón, Marcelino Iglesias, se hará con el control del aparato del partido tras la caída de Leire Pajín. Iglesias es uno de los hombres promoconados por José Blanco, con lo que es evidente que el de Lugo seguirá imponiendo su control.

jueves, 14 de octubre de 2010

De las prohibiciones

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JOSE MANUEL ARECES.- Editor Periódico Liberal, El Reformista


A la señora Carmen Chacón, a la sazón Ministra de Defensa, no se le ha ocurrido mejor cosa, como consecuencia de la tradicional ración de pitidos y abucheos, que se ha llevado el 12 de octubre su jefe, el Señor Zapatero, que prohibir por decreto a los viandantes los pitidos en el día de la hispanidad. Nos preguntamos con cierto escepticismo, pero sin ánimo de choteo, en qué manera se podrá aplicar la medida. Probablemente la Ministra, bien asesorada por los miembros de su partido en Cataluña que son tan aficionados a las prohibiciones, haya recibido ideas tales como la imposición de multas, la retirada de signos ofensivos como banderas españolas y pancartas, o directamente la aplicación por parte de las fuerzas de seguridad de esparadrapos a los ciudadanos indignados.


El socialismo nunca ha sido amigo de la libertad, y bien es sabido que cuando un bobo se acostumbra a ser jaleado en mítines y alabado en las portadas amigas, sufre tremendas depresiones al verse blanco de cualquier clase de oposición popular. Por supuesto solo la ultraderecha, la caverna y lo más rancio del españolismo, siempre grupúsculos residuales, son los acusantes de semejantes tropelías, porque los asesores del bobo dicen que los españoles son felices, y no podemos dudar de los asesores. Pero mire usted, que aunque sean cuatro gatos, la cosa pica. El socialismo también siempre gustó mucho de la ley del embudo, que unos sindicalistas quemen contenedores, destrocen cerraduras, asalten comercios, insulten a los trabajadores o bloqueen las vías férreas, no les molesta, son compañeros. Tampoco molesta que día sí, día no, unos energúmenos quemen en Cataluña fotografías del Rey o enseñas nacionales, eso no importa, porque esos chicos en el fondo son de izquierdas. Pero que unos cientos de señores cabreados piten al presi, eso no se puede permitir, es un atentado contra las más sagradas instituciones democráticas y una falta de respeto digna de una condena a cárcel o destierro, como mínimo.


Se culpa mucho al síndrome de la Moncloa, en cuanto al distanciamiento de los presidentes respecto a la realidad mundana, pero considero que este síndrome habría de llamarse, “del cargo público” o bien el síndrome del despacho. Porque lo cierto es que jamás ha estado más alejada la casta política de la calle. Es lógico por tanto que no baste con rodear de escoltas al líder, con formar cordones de protección y vallados que mantengan a la masa informe a distancia, tampoco basta con ir a todas partes en coche oficial. Ahora se precisa tomar medidas más drásticas, y del mismo modo que en los mítines de partido solo se permite el acceso de afiliados sonrientes y aplaudientes, en todo acto público, bien sea un desfile o la inauguración de una fuente con chorrito, se formará un espacio donde acoger a una manada de palmeros que jaleen las bondades del líder de turno, que repartan abrazos y besos por doquier, y que adornen su paso con una lluvia de flores. Para esto se ha contratado como asesor a Hu Min Tao, un experto coreano del norte en la organización de manifestaciones cívicas, también los amigos del sindicato de la zeja aportarán miles de parados como extras para que rellenen todo hueco con el fin de evitar a los subversivos.


En el gobierno se piensa que con estas medidas puede lograrse mayor paz social y mejorar no solo el humor de los dirigentes, sino aportar un modelo de comportamiento a los ciudadanos.
Boutades aparte, no es preciso distanciarse mucho para darse cuenta del camino sin retorno que nuestra casta política ha tomado en dirección al linchamiento legal de toda libertad. Como consecuencia el estado de opresión y ahogo que sufre el ciudadano, especialmente los pensantes, se torna asfixiante. La suma de los terribles efectos de la crisis, la brutal carga impositiva, las alzas de precios, la ausencia de esperanzas y las dichosas prohibiciones, comienzan a gestar un estado de ánimo que oscila entre la depresión colectiva de los mansos y el cabreo monumental de los más montaraces. La extensión en el tiempo de este clima forzado en buena parte por la casta política augura reacciones nada pacíficas, y desde luego nos alejan más y más de la justa paz nacional, la búsqueda de la felicidad y el progreso colectivo