domingo, 26 de octubre de 2008

Presidente mendicante

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JOSE MANUEL ARECES
Zapatero anda estos días dedicando todos sus esfuerzos, y parte del erario público, a la noble causa de lograr una silla en la cumbre que los principales gobiernos del globo van a celebrar en los Estados Unidos, con el propósito de acordar fórmulas para sortear la crisis que a todos nos afecta. El señorito de León quiere sentarse a la misma mesa que el resto de los mandamases planetarios y no ahorra ni en gastos ni en declaraciones para hacer presente y manifiesto su deseo.

No sé en donde recibió este señor clases de urbanidad, pero en principio eso de autoinvitarse a bodas, banquetes y otros saraos sociales está muy mal visto, y en cualquier caso, entiendo que en última instancia siempre ha de quedar el orgullo, y cuando a uno no le invitan pues lo mejor es sacar una sonrisa y tratar el asunto con cierta deportividad, ignorando el desplante con elegancia. Parece ser que el tal Rodríguez, José Luís, no está adornado con ninguna de estas virtudes tan imprescindibles para saber moverse en la escena internacional. Su comportamiento me recuerda más al de un infante malcriado, al que todos los caprichos se le conceden, y que, cuando los niños mayores no le dejan participar en sus juegos, se toma un berrinche y monta el pollo para llamar la atención.

Este hombre debería entender que los gobiernos respetables no pueden invitar a un personaje sin peso específico en la escena internacional, y que para más inri, y para desgracia nuestra, es aliado incondicional de lo más granado del cutrerío revolucionario bananero. Ya me dirán ustedes cómo se puede invitar a una reunión de alto nivel en Washington a un personaje que es capaz de filtrar a la prensa hasta la marca del Champagne.

El caso es que este personajillo de nuestra vida local, no comprende que en el exterior las cosas no son como en casa. Esa eminencia de la diplomacia que es Moratinos debería explicarle, que tras poner a Bush, día sí y día también, a caer de un burro, decir de malos modos ante empresarios en Nueva York que España se pondrá por delante de Francia e Italia, culpar a los Estados Unidos de todos nuestros males, y tocarle las fosas nasales a la Merkel, en fin, como que eso no es hacer amigos. Tampoco deben sentar muy bien nuestros alardes revolucionarios en apoyo de las causas boliviana, Iraní, venezolana o cubana. Y probablemente menos aún pese a favor de nuestro primer ministro la campaña ahora orquestada para estar en la foto de la cumbre, no solo exigiendo la presencia de España, sino además demandando la participación de un país árabe (no sé si uno al azar). En verdad, esto no son maneras de hacer amigos, ni de lograr una invitación, con altanería, estupidez y fingiendo ahora un orgullo patrio que a nadie convence ni de lejos.

Creo que Zapatero, dado su afán de erigirse en líder de causas marginales, podría organizar una de aquellas cumbres paralelas de los países no alineados que tanto se estilaban en los años sesenta, y celebrar el evento, por ejemplo: en las Batuecas, o en Babia. Podría invitarse a lo más granado de la diplomacia bolivariana, a la tribu de los tutsis, al amigo turco, al presidente de Nicaragua, a los bandarras paquistaníes, y tal vez para dar color; a Evo Morales con sus jerseys de colorines indianos (que siempre quedan tan lucídos) y a gorilón Chávez con su boina de paraca. Podría presidir el miembro de más edad, o sea, Fidel Castro. En tan egregia cumbre pueden tomarse decisiones de nivel astral, como por ejemplo: enviar una misión a la ONU para proponer la paz mundial, emitir una firme condena contra el capitalismo imperialista yanqui, demandar la independencia las islas Hawai, y premiar a Rigoberta Menchu por alguna cosa de los indios o de la mujer trabajadora, qué más da. También podría exigirse cambiar los colores del arco iris, el uso del cannabis con fines terapéuticos y un carril bici marino para la ballena blanca. Por supuesto, y en honor al mandatario venezolano, habría de aprobarse alguna moción de urgencia a favor del gran simio.

España una vez más ha de padecer el ridículo internacional a costa de un pedigüeño que ni corto ni perezoso es capaz de convertir la imagen de una nación, en la de unos mendicantes, con el solo propósito de aparecer en la foto. Desgraciadamente, y como es costumbre, al pueblo español estas cosas, como vulgarmente se dice: se la sopla. Zapatero y toda la izquierda aún se benefician de esa aura ganada en la década de los ochenta de ingenuidad y romanticismo que les hace perdonarse de todos sus desafueros, incoherencias y latrocinios. Tenemos lo que nos merecemos: un país con la imagen que proyecta su Presidente, cutre, demodé, nada cool, pueblerina y casposa.

Es impresionante como en cuatro años se pueda destrozar tanto trabajo, pero hoy, Zapatero disfruta del justo castigo a todas sus impertinencias y meteduras de pata, y con el por extensión todos nosotros.

1 comentario:

Mike dijo...

Tengo ahora 43 años. Como voy a vivir cien más - por lógica, porque es tan caro morir en España que no me lo puedo permitir - tengo mucha curiosidad por saber cómo juzgará la historia a este hombre.

Saludos!