martes, 6 de diciembre de 2005

Todos con la constitución

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JOSE MANUEL ARECES

Pertenezco a la generación de los que hemos crecido con la constitución, creo que hay muchas cosas que se pueden mejorar en esta democracia, pero de ninguna manera preferiría vivir en la república bananera utópica que pretenden los de izquierda unida o en micronaciónes aisladas como quieren PNV, ERC o los del PCTV.

Me gusta España en su diversidad y con su legalidad, lo que falla no es la constitución, sino muchos políticos, lo que corrompe es el hombre y no las leyes.

Los partidos de corte marxista y los separatistas deberían estar agradecidos a la constitución porque les ha permitido existir, pero como Bruto ante Cesar, estos envidian el éxito del marco democrático con mayor intensidad cuanto más les deja respirar. Cuanto mayor cariño reciben, mayor es su odio. Y es que al menos un sentimiento nacional les cala con mucha intensidad: el de la envidia. Cada día que se alaba la constitución, el consenso o la unidad que nos dejan vivir en esta España moderna, a ellos les hierve la sangre. Pues el éxito de la constitución constata cada día el fracaso de sus ideales. Por eso la odian y odian a los que la sustentan, al pueblo español, a la mayoría, a la masa silenciosa que cada día labra esta España plural con su trabajo.

Deberían estar agradecidos los separatistas, especialmente los que viven al cargo del erario público, pero la envidia es mala consejera e induce a la traición, Gracias a Dios son minoría, pero su voz se extiende por todas partes clamando por la separación. Tal es la grandeza de la democracia que permite que personajillos como Joan Puig sienten sus posaderas en los escaños del templo de la democracia y llenen sus barrigas con los garbanzos que todos les pagamos. Tan grande es la democracia que permite que viertan su hiel en forma de ese discurso de cromañónes que tanto les exalta. La democracia, en fin, permite que cada cual defienda sus derechos. Lo que no se puede permitir es que los enemigos de la democracia se arropen con poderes que les permitan descalabrar el edificio que le ha dado la voz. Tal es su saña que no ven que tirando abajo nuestro sostén común, ellos serán los primeros en caer.

Hoy muchos españoles han salido a la calle, no contra nada, sino en favor de la constitución, sin vergüenzas ni tapujos, hablando alto y claro, para recordar a estos ciegos que atentan contra la libertad y el bien común, que el pueblo es el garante de sus instituciones.

Que no despierten las iras de los leones que guardan las puertas del congreso, pues esos leones de bronce representan el coraje del pueblo español. El común de los españoles no estamos dispuestos a cambiar nuestra seguridad ni nuestras leyes por la aventura, en la que unos locos quieren embarcar a las regiones de donde provienen, amparándose en oscuros derechos históricos, amores al terruño y veleidades nacionalistas decimonónicas.

Mariano Rajoy, en su discurso de hoy, ha referido con precisión los principios básicos de lo que es España para muchos de nosotros: "los integrantes de la Nación no son las tierras ni la historia, son las personas", "nos importan las tierras y la historia, pero el depositario de los derechos es siempre el individuo", al tiempo que señalaba que "no formamos una Nación de naciones, sino una Nación de personas, de ciudadanos libres e iguales". Ojalá nuestro presidente Zapatero escuche estas palabras, reflexione profundamente sobre ellas y se de cuenta de que ciertos compromisos y su ambición desmedida le estan llevando por el peor de los caminos.

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