sábado, 29 de marzo de 2008

La necesaria renovación del PP asturiano

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JOSE MANUEL ARECES

Escribía en estos días mi admirado Javier Neira, una de las pocas plumas honradas y valientes que quedan en el periodismo asturiano, que en la reciente marejada que se ha formado en el Partido Popular asturiano, como consecuencia de la derrota electoral, un grupo de intrigantes intenta animar a Alicia Castro, para que dispute la presidencia del partido a Ovidio Sánchez en el próximo congreso regional. Neira afirma que Alicia puede acabar como Juan Morales, abatida por la falta de apoyos de Madrid, por una ejecutiva que no sabe ganar elecciones en buena lid, pero sí congresos internos, abandonada por los que le prometieron su apoyo. Puede que Javier tenga razón, es muy probable este escenario, especialmente como el aduce, porque en Madrid tras una derrota el partido cierra filas entorno a Rajoy, y esta situación tiende a reproducirse en todas partes de manera casi vírica.

Ante todo he de decir que el escenario dibujado por Javier Neira es de lo más sensato, la experiencia siempre tiene la palabra adecuada y el razonamiento avalado por los hechos, ahora bien; disiento con Neira en una serie de cuestiones. Es cierto que cuando Madrid niega el pan a un candidato este lleva muchas papeletas para la derrota, es cierto también que el partido tiende a formar piña ante la derrota para guardar las apariencias, pero también no es menos cierto que hay que valorar todos los elementos y experiencias vividas en esta cuestión. Me explico: Rajoy es un lider que ha sufrido dos derrotas, de las cuales la primera apenas se le puede achacar dados los sucesos del 11M (no es el caso de Ovidio Sánchez que es un perdedor profesional, en tres ocasiones seguidas), el propio Neira apunta a que no repetirá como candidato para 2012, sino que señala a Dolores de Cospedal (aún es muy pronto para hablar de esto) y precisamente este relevo en candidaturas se debe a que en el PP hay marejada.

El personal no está nada contento, y hay ocasiones en las que cuesta guardar las apariencias y lavar los trapos sucios en casa. El Partido Popular se enfrenta a la mayor crisis de su historia y esto es debido precisamente a ese estilo tan prudente y cuitadin de guardar las apariencias en toda circunstancia. El PP tiene una crisis ideológica importante que ni la propia FAES ha podido solucionar aún, cuenta con una recua de barones que imponen su santo poder de una manera antiestatutaria, en muchos casos, y que tienen en su puño al presidente nacional, barones que son en algunos casos un cáncer para el partido. Están a punto de surgir diversos incendios en muchas regiones, y esto es a causa de la falta de liderazgo, de democracia interna, de respeto por los afiliados y de apego al poder de unos dirigentes que en mercado laboral no durarían ni cinco minutos vivos. Este es el verdadero escenario, y sí querido Neira, se han ganado congresos sin el apoyo de Madrid, me viene a la memoria el reciente congreso de nueva generaciones en la Coruña, donde se impuso el candidato que no quería Feijó. Para que esto ocurra simplemente hace falta contar con una mayoría de compromisarios y un candidato oficialista muy, pero que muy flojo. Pienso que esta ocasión puede reproducirse en Asturias, para ello se precisa de un candidato con un gran ascendiente sobre las bases y sobre los dirigentes locales, se precisa también de una mayoría de compromisarios de las dos juntas más poderosas, Gijón y Oviedo. Estos son los apoyos necesarios, en caso de tenerlos el candidato recibirá una oferta con la mediación de Madrid de evitar a toda costa que se presenten dos candidaturas (por aquello de guardar las apariencias y no mostrar lo que es conocido de todos, la disensión interna), bien con una promesa cara al futuro o con un reparto de poder en la junta directiva regional. Juan Morales en su primer envite aceptó dicha oferta, y ahí es donde cometió su mortal error porque se la dieron con queso. Al enemigo no se le puede dar agua, solo y acaso puente de plata.

Alicia Castro reúne muchos más apoyos que Juan Morales en su mejor momento, tanto de las bases como orgánicos, es una mujer inteligente, luchadora y que da miedo a Ovidio Sánchez y a su guardia pretoriana. El problema reside en que es pronto para postularse porque no puede ofrecerse información al contrario, es mejor que el mueva ficha, hay que sopesar lo apoyos y su consistencia, porque ya se sabe la fragilidad de lo apoyos de un Gabino de Lorenzo que fluctúa más que la bolsa de wall street, los de Gijón andan divididos y no se sabe en que pueden acabar, hay que valorar la posición de unos diputados que hoy te sonríen pero andan más preocupados por su sueldo asegurado al calor de un Ovidio complaciente que ante los cambios que traería la Castro, y por los que estos diputados saben que terminarán pagando sin remedio en muchos casos. Porque al final hay que hilar muy fino y sobre todo sumar apoyos firmes, sin temores ni cambios de rumbo.

Aún hay mucho por ver en este juego, pero lo que si considero cierto es que no se puede ganar sin aceptar riesgos, Alicia Castro está fuera de la política, en una posición muy cómoda, y si finalmente acepta el envite merece el mayor de nuestros respetos porque sacrifica mucho en la apuesta. El argumento usado torticeramente, de que no es coherente dejar la política y volver a los dos días, tiene poco peso y mucho miedo escondido, hay que conocer las verdaderas circunstancias que forzaron a Alicia a dar dicho paso.

Hace tiempo que la cuenta atrás comenzó en el reloj de Ovidio Sánchez y sus acólitos, y sus esfuerzos por mantenerse rayan la bajeza, como fue el caso de imponer de número dos en la lista al congreso al fósil Isidro Rozada, con la única intención de hacer perder votos y fuerza moral a Gabino de Lorenzo (eso se llama traición en toda regla), cuando el juego más sucio se emplea con los propios y no contra el contrincante real, mal andan las cosas en casa, pero que muy mal. Personalmente me gustaría que la Castro diera el paso, porque es necesario no un cambio, sino una regeneración completa, porque hace falta que no en el próximo, sino en el siguiente congreso regional, pueda presentarse quien quiera sin tener que hacer todos estos cálculos y alardes de estrategia, porque entonces sabremos que hay democracia interna. Y lo que más falta hace es contar con un candidato a la presidencia del Principado que en primer lugar se crea con posibilidades de ganar, que no se sienta más cómodo en la oposición, holgazaneando a costa de los votos fijos y el sueldo que en la calle nunca encontrará, y sobre todo Asturias precisa un cambio radical de gobierno.

Con un buen líder, un partido ilusionado y cohesionado se puede vencer. Y ahí señores, solo una persona puede enfrentarse al omnipotente PSOE con posibilidades de ganar: Alicia Castro Masaveu. Es cierto que se necesita un partido hecho una piña, pero no en la apariencia, sino en la realidad, prolongar el mandato de Ovidio Sánchez ya sabemos en que acaba; penurias, división interna permanente, y el imperio de la mediocridad, más vale ponerse una vez colorado que ciento, y pienso que el electorado verá con muy buenos ojos una renovación completa. Postergar por parte de Madrid la necesaria renovación una vez más, solo generará la destrucción del Partido Popular asturiano, el gozo en un pozo del PSOE, ni más ni menos.

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