sábado, 29 de marzo de 2008

La sociedad civil frente al estado

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JOSE MANUEL ARECES

Mucho se habla en los últimos tiempos de la sociedad civil y su importancia en democracia. Obviamente es únicamente en democracia donde un conglomerado de organizaciones surgidas de la sociedad pugnan, generalmente con los gobiernos, por la defensa de un sector determinado o una serie de derechos en concreto.

Así las llamadas organizaciones no gubernamentales son agrupaciones de ciudadanos en defensa de un ideario colectivo. Lógicamente cada nación tiene su problemática interna y dichas asociaciones se forman al albur de esta problemática nacional. También existen organizaciones multinacionales o globales que se ocupan de temáticas más universalistas, como es el caso de la ecología (Greenpeace), los derechos humanos (amnistía internacional) etc.

Ocurre que dependiendo del país unas organizaciones están más o menos primadas o favorecidas por su gobierno, dependiendo de las coincidencias ideológicas, quizás con la salvedad de EE.UU. donde para estas cosas son bastante liberales, y dichas organizaciones entienden que para mantener pura su ideología y fines, deben financiarse en el sector exclusivamente privado.

En el caso de España, que más directamente nos atañe, la sociedad civil está tradicionalmente muy mediatizada por una serie de estigmas, tanto históricos como políticos y organizativos.
Los políticos españoles y la ciudadanía en general conservan un sistema estatalista, que ni con la democracia se ha superado, cierto es que este es un problema muy europeo, pero en lo que nos atañe, viene a suponer que dicho sistema; carece de las libertades necesarias, para que las organizaciones que agrupan a la sociedad civil, se desarrollen convenientemente y posean la fuerza que requieren. Me explico; Sociedad civil y Estado son por definición dos conceptos antagónicos, en mi modesta opinión, o deberían serlo. Sin embargo, la sociedad española gira entorno al estado y sus ramificaciones.

Existe una separación cada día más importante entre la casta política, la funcionarial y el resto de la sociedad (a la vista están las encuestas y el cada día más elevado grado de abstención electoral). De esta manera el estado ordena todos los aspectos de la vida social y los administra. Esta es nuestra realidad y podemos encontrar ejemplos por doquier. Hemos vivido cuarenta años en un estado autoritario, tras superar la guerra civil el estado se ocupaba de la reconstrucción nacional, y ordenaba todo en la vida de los españoles, posteriormente y con la llegada de la democracia, la sociedad no supo romper con el estado en determinados ámbitos y este continuó ordenando la vida nacional.

Así, paradójicamente, el estado crea problemas y los soluciona, la sociedad encuentra carencias y demanda soluciones al estado, esta es la realidad española del siglo XXI. Temas como la vivienda, el empleo, comercio exterior, cultura, educación, etc; son dirigidos por el estado, en segundo grado las ONG actúan como subsidiarias aplicando los fondos y políticas estatales en determinadas cuestiones. Las cámaras de comercio por poner un ejemplo, desarrollan sus programas de trabajo al albur de las convocatorias anuales de subvención que lanzan las distintas administraciones, de hecho muchas de estas cámaras están gobernadas por políticos o amigos de estos.

Así, las principales ONG del país son los partidos políticos. De esta manera encontramos militantes de un partido en asociaciones vecinales, ecologistas, culturales, etc. Y estos militantes terminan respondiendo en sus actos a la política general que dicta el partido. El partido asimismo gobierna en ayuntamientos, diputaciones, comunidades autónomas o en el gobierno nacional, de tal manera que la política partidaria y la distribución-asignación de fondos para las ONG empieza y termina siempre en el partido. Esto significa, con toda claridad, que el partido decide sobre todos los ordenes de las vidas de los ciudadanos, y dado que estos partidos no tienen listas abiertas, ni democracia interna; podemos concluir en que poca libertad existe fuera de lo políticamente correcto.

Evidentemente la mayor parte de la culpa podemos dejarla caer en la ciudadanía, dado que en este país los que deciden en ultima instancia son los ciudadanos, pero el pesebrismo institucional ha calado con tal fuerza en nuestras vidas que pocas actividades pueden realizarse al margen de la subvención. Cierto es que la libertad cuesta, y exige un precio, pero la libertad significa poder; poder para decidir y para hacer, poder para equivocarse o acertar. La sociedad no es culpable de haberse criado en un sistema estatalista, pero si lo es de no demandar soluciones y de no mojarse en buscarlas.

Es sencillo, cada vez que tengamos un problema no podemos acudir a papá estado, pues limitamos nuestras libertades a favor del partido gobernante. Romper con una tradición de siglos de limosnerísmo es difícil, pero; si deseamos vivir en una nación moderna y con futuro, debemos cambiar.
En primer lugar debemos asumir que cuanto más pidamos al estado, mayores impuestos nos recaudará, lo cual irá en detrimento de nuestra capacidad adquisitiva, y por ende en nuestra libertad de decidir.

Trabajamos por un salario o beneficios empresariales, de los cuales gran parte se van en impuestos directos o indirectos, estos impuestos los manejan los políticos, distribuyéndolos en nuestro nombre a su antojo. ¿Cuántas veces no hemos quejado de los gastos en comilonas, de los viajes innecesarios, de las plaquitas, los coches oficiales, y de la ineficacia de muchos funcionarios?. Bien pues la culpa es nuestra, los políticos hacen por orden nuestra. No conozco a ningún político tan valiente como para oponerse al deseo generalizado y las demandas de una mayoría de electores, dado que el político común destaca por disponer de pocas ideas originales, vive pendiente de encuestas, es decir de nuestra opinión, A DIARIO.

Precisamos un cambio. Este cambio en el eje del poder no supone que ahorremos en nuestro presupuesto, al menos inicialmente, sino que paguemos menos impuestos por determinadas cosas y que decidamos individualmente que hacer con ese dinero, al leer esto más de un político podría echarse a temblar, pues no debe, pues en el fondo la solución es buena para ellos también.

Podemos comenzar con pequeñas cosas, ya que no es cuestión de cerrar la seguridad social, por ejemplo podemos comenzar con los fondos destinados a la iglesia o fines sociales, ¿recuerdan esa casilla en la declaración de la renta?. Supongamos que se nos exime de destinar esa cantidad ¿qué pasaría?: NADA.
Los españoles en una gran mayoría ya destinamos fondos privados a financiar ONG fuera de nuestros impuestos. Entonces, ¿qué sentido tiene pagar ese concepto?, y, ¿qué cambiaría?. Solo cambiaría una cosa, el estado no destinaría fondos a las ONG que quiera favorecer, nosotros tendríamos la libertad de decidir. Claro que el político de turno diría que estaríamos perjudicando a algún fin social,: MENTIRA; los únicos perjudicados serían: el político de turno que dirige dichas actividades y la recua de funcionarios adscritos a la gestión de dicho dinero. ¡Quien ganaría con esto?: Las ONG, por ende los ciudadanos y los destinatarios de sus actividades sociales. Cierto que las ONG lanzaría una parte importante de sus actividad a publicitar sus programas y a demandar sus fondos a la sociedad y no al estado (es decir; comenzarían a competir entre ellas), pero; ¿No lo están haciendo ya?.

A largo plazo el político ganaría, pues el absoluto control de la vida diaria del país hace que no pueda tener respuestas ni soluciones para todo. Lo sé de buen grado, he trabajado con ayuntamientos y conozco la problemática de administrar un presupuesto finito para miles de demandas de lo más dispar.

Los más perjudicados por vivir en un estado donde las libertades civiles sean fuertes y el estado pequeño pero eficaz son algunos políticos, funcionarios y trabajadores subsidiarios que tendrían que recolocarse en otras actividades. Pero un sistema civil fuerte crea oportunidades para esas personas, el sistema actual es un engaño, y lo peor nuestra sociedad está corrupta. Somos corruptos porque aceptamos la limosna y callamos. ¿Quien no quiere que su hijo sea funcionario?, ¿quien no desea un carguito en una empresa o fundación pública?, ¿o una prejubilación de minero?. Nuestro estado es carísimo y poco eficaz, vivimos pendientes de que el padre estado lo solucione todo y no es posible.

Es un error pensar que el estado nos subvenciona una actividad, nosotros nos subvencionamos, simplemente hacemos que nuestro dinero de más vueltas antes de regresar, y que por el camino se quede un porcentaje para pagar al que decide devolvérnoslo, esa es la cruda realidad.

La libertad cuesta, es un bien preciado, pero su posesión nos ofrece un futuro más halagüeño que el de un estado enorme, que parece que cualquier día estallará por los cuatro costados. Una última ventaja; si nuestros fondos son mal gestionados por el presidente de la comunidad de vecinos; es más sencillo, eficaz y barato llevarle a juicio que a un político o funcionario, piensen en ello.

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