viernes, 18 de noviembre de 2005

Apuntes sobre la crisis del petroleo

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JOSE MANUEL ARECES

La actualidad nos está sirviendo para darnos cuenta, como en otros tantos casos, de lo que nos cuestan los bienes y servicios por los que pagamos diariamente. Una muestra es todo el lío montado, en lo que va de año, con los carburantes. Todos nos estamos viendo afectados de una manera u otra, pues nuestra capacidad adquisitiva merma ante la extraordinaria alza de los precios de los combustibles. No se trata solamente de la gasolina, sino del gasoleo de calefacción, el gas, y finalmente todos los productos, pues bien su producción, o transporte, dependen en mayor o menor medida de los combustibles. Este problema, aun siendo de rabiosa actualidad no es nuevo, y conviene que hagamos un pequeño repaso sobre otras crisis que han sufrido los mercados de combustibles, pues la historia puede que nos ayude a comprender en gran medida la situación actual.

Prácticamente todas las actividades industriales y domesticas están influidas por los derivados del petróleo, no solo los combustibles, sino muchos productos se fabrican con sus derivados. Todo el mundo necesita del petróleo. En una u otra de sus muchas formas lo usamos cada día de nuestra vida. Proporciona fuerza, calor y luz; lubrica la maquinaria y produce alquitrán para asfaltar la superficie de las carreteras; y de él se fabrica una gran variedad de productos químicos, textiles y otros de uso diario. El petróleo es la fuente de energía más importante de la sociedad actual. Pensar en qué pasaría si se acabara repentinamente, hace llegar a la conclusión de que se trataría de una verdadera catástrofe: los aviones, los automóviles y autobuses, gran parte de los ferrocarriles, los barcos, centrales térmicas, muchas calefacciones... dejarían de funcionar. Además, los países dependientes del petróleo para sus economías entrarían en bancarrota.

Actualmente, el agotamiento de las reservas de petróleo constituye un grave problema, pues al ritmo actual de consumo las reservas mundiales conocidas se agotarían en menos de 41 años. Por ello, los países desarrollados buscan nuevas formas de energía más barata y renovable como la energía solar, eólica, hidroeléctrica..., mientras que los países productores de petróleo presionan para que se siga utilizando el petróleo pues si no sus economías se hundirían.

Aún así, a medio plazo, la situación no parece tan alarmante, pues hay que tener en cuenta que los pozos no descubiertos son sustancialmente más numerosos que los conocidos, aunque no sea ésta una opinión unánime. En zonas no exploradas como el mar de China, Arafura, Mar de Béring, o la plataforma continental Argentina podrían encontrarse grandes reservas.
Los dueños de la situación
El cártel de la OPEP fue creado en 1960 por 5 países productoras (después aumentado hasta 13) con la lógica y sana intención de aumentar sus ingresos y hacer causa común contra el oligopolio formado por las llamadas "siete hermanas", nombre conjunto por el cual fueron conocidas las seis principales compañías petrolíferas Norteamericanas más la Shell, anglo-holandesa. Frente a estas "hermanas" los países productores se sintieron como autenticas "Cenicientas". Durante muchas décadas aquellas habían manejado todo el negocio del crudo a su antojo, imponiendo su voluntad a los auténticos dueños del petróleo, los países asentados sobre los yacimientos. Hubo en aquellos años un exceso de oferta y las compañías bajaron unilateralmente los precios hasta menos de un dólar por barril, lo que afectó negativamente a las economías emergentes de los países productores. En la vida, y también en los negocios, los abusos terminan por pasar factura y el negocio del petróleo no fue diferente. Imitando a lo que hizo México a finales de los años 30,los miembros de la OPEP - después, poco a poco, seguido por las demás productoras - nacionalizaron los pozos recuperando su propiedad. Las compañías petrolíferas se convirtieron de propietarios pagando un impuesto/royalty, en inversores en infraestructuras, gestores de extracción y administradores de comercialización del crudo. En vez de pagar un royalty, ahora son ellos los que reciben una parte (grosso modo, un 40%) de los ingresos de la comercialización, en pago de sus servicios. También hay otros países productores de petróleo a los que se les llama “independientes”, entre los que destacan el Reino Unido, Noruega, México, Rusia y Estados Unidos. Este último es el mayor consumidor de petróleo, pero al mismo tiempo es uno de los grandes productores.

La primera gran crisis energética empezó en octubre del año 1973 parcialmente por culpa de la guerra árabe-israelí. Los países árabes productores de petróleo bajaron su producción y embargaron el suministro a Estados Unidos y Holanda. La guerra fue la razón aparente, pero por debajo hubo algo mas, algo nunca suficientemente explicado. La primera generación de jóvenes árabes educados en Occidente (con MBA y todo) empezó a ocupar puestos de responsabilidad, y estos ya sabían que los ingresos de las Administraciones occidentales (especialmente en Europa) por los impuestos especiales sobre hidrocarburos fueron infinitamente superiores a los ingresos por venta de crudo de los países productores. Como en tantas otras ocasiones, la voracidad fiscal (casi siempre un invento de Administraciones socialistas y después imitado por otros) de Occidente nos ha jugado - y sigue jugándonos -una mala pasada. En esta primera crisis el precio del petróleo crudo se multiplicó por 8.Un aumento espectacular si tomamos en cuenta que el recorte en la oferta representaba menos que un 7% del suministro total. Si los usuarios, los operadores y los Gobiernos, hubieran mantenido la calma y recortado moderadamente el consumo, la crisis se hubiera quedado, probablemente, en agua de borrajas. Pero, al contrario, todos se dejaron llevar por el pánico, convirtiéndose el mercado del crudo en una auténtica subasta con pujas desenfrenadas. Con el tiempo la cosa se calmó "gracias"(sic) a la recesión económica provocada por las subidas del precio del crudo y la consiguiente bajada de la demanda.
En 1978/79 se repitió la misma historia, esta vez por culpa de la revolución iraní que provocó una caída de la producción iraní de crudo hasta niveles casi nulos. Otra caída en la oferta, otro pánico, otras pujas descomunales y, como resultado lógico, otra subida desorbitada de los precios de crudo. A finales de 1980 el precio era 15 veces superior al de 1972. Otra recesión económica y volver a empezar. Esta vez el mercado se debilitó no solamente por la bajada de la demanda, sino también por la conservación de energía y el crecimiento significativo de la oferta procedente de países ajenos a la OPEP.

A comienzos de 1986 el precio del barril de crudo había bajado a 10 dólares. A partir de allí ha habido altibajos entre 10 y 20 dólares- con un repunte hasta los 25 dólares durante la guerra del Golfo Pérsico- y después un paulatino descenso hasta los 10 dólares/barril de hace poco más de un año. El resultado de aquel descenso exagerado ha sido la actual - y tercera- crisis energética. El precio de 10 dólares/barril del año pasado significaba que - en dólares constantes - el barril de crudo era más barato que en el año 72, y si aquel precio provocó la crisis del 73, no hay que sorprenderse que el precio del año pasado ha provocado la crisis actual. En estos momentos y tras la segunda guerra del Golfo Pérsico (Irak uno de los mayores productores mundiales y actualmente su capacidad es mínima) el precio se sitúa en los 62 dólares/barril.

La clave de la demanda de crudo se centra en aquellos países con importante actividad industrial y crecimiento económico. En el último periodo, Estados Unidos protagonizó un 'ciclo dorado' en su economía, que en combinación con el despegue de economías como Rusia, India y China, lograron mantener en un ritmo acelerado en el consumo energético. Estas naciones, en conjunto con los llamados 'Tigres Asiáticos" -Corea del Sur, Singapur-, ha llevado a niveles récord el aumento en el consumo. Su industrialización y el acelerado crecimiento económico que han experimentado hace crecer sus requerimientos energéticos de manera implacable. Creo que a estas alturas a todos nos queda claro que en el contexto de la economía mundial, el asalto a Irak se debió a algo más que a la lucha contra Sadam Hussein. Estados Unidos y aliados necesitaban asegurarse una importante cuota sobre las reservas de petróleo ante la brutal demanda que experimenta oriente, especialmente China.
Son países con pocos recursos energéticos, una demanda en alza, y sobre todo, con una liquidez impresionante, que les permite pagar precios mas altos que los que las economías de los países de nuestro hemisferio pueden permitirse. Sumemos a esto el hecho de que dictaduras como Irak o regímenes populistas como Venezuela, cuyas economías no gozan de gran eficacia y se basan en la corrupción y el clientelismo, precisan de dos elementos, liquidez en grandes cantidades y armas. China es la respuesta ideal para estos regímenes. Dos más dos son cuatro: La guerra de Irak es un movimiento de fichas geoestratégico, una toma de posiciones estratégica mediante el uso de la fuerza sobre el control recursos básicos antes que la competencia. Esto no es nuevo en la historia de la humanidad. Atentos a Irán y a Venezuela en breve tiempo.

El lado de la oferta carece de posibilidades de crecimiento al tiempo que sufre más conflictos laborales y de violencia geopolítica. La guerra que se desató en el Irak, los atentados terroristas en Arabia Saudí, son algunos de los contratiempos que experimenta el bombeo de crudo. El año pasado comenzó a experimentarse una reducción en la oferta del energético. Venezuela e Irak vieron caer su producción en 230.000 y 690.000 barriles diarios, respectivamente. Ante esta situación, la OPEP aumento su producción en 1,88 millones de barriles, apoyándose en Arabia Saudí. Este país, clave dentro de la organización, aumentó su producción en más de 1 millón de barriles y logró cuota récord en sus últimos 22 años.

Por otra parte, la producción petrolera fuera de la OPEP creció en 830.000 barriles diarios, por debajo de los 1,33 millones que aportaban en 2002. Sin embargo, este nivel superó su promedio en los últimos 10 años. Rusia apoyó este incremento sustancial en la oferta con un aumento de 840.000 barriles. También México y Canadá, que no pertenecen a la OPEP, participaron de éste avance, ya ambos aumentaron su oferta en más de 100.000 barriles diarios en 2003.
La reducción en la oferta de países no miembros de la OPEP se debió en gran parte por la disminución de la producción de Estados Unidos y Reino Unido que vieron caer sus cuotas diarias en 170.000 y 220.000 barriles, respectivamente.

Todo esto demuestra que nuestros políticos son capaces de no ya de tropezar dos veces en la misma piedra, sino, en su infinita sabiduría, repetirlo todas las veces imaginables. Lo sensato hubiera sido que los precios tan exageradamente bajos del año 99 hubieron disparado todas las señales de alarma en la UE (Europa se juega mucho más que Estados Unidos) y que estas hubieron dado lugar a una negociación seria con la OPEP para llegar a un acuerdo para estabilizar el precio del barril de crudo alrededor de los 18/19 dólares, con un aumento anual según la inflación media en Occidente. Este precio hubiera sido aceptable para las dos partes, y llegar a un precio estable es perfectamente posible desde el punto de vista técnico.
La OPEP y los operadores, conjuntamente, son perfectamente capaces de "afinar" la oferta diaria hasta tal punto que las variaciones en el precio serian casi imperceptibles; subiendo la oferta un poco un día y bajándola el día después.

No hay ninguna razón insuperable que impida que la oferta y la demanda estén siempre, con diferencias insignificantes, a la par. Un acuerdo así tendría indudables ventajas para las dos partes. A los países de la OPEP-y los demás países productores- les garantizaría unos ingresos más o menos constantes con solamente ligeros altibajos - muy importantes para países que tienen en el crudo su mayor, si no única, fuente de divisas - y a los países consumidores les daría la oportunidad de racionalizar sus gastos energéticos.

No obstante este arreglo no sería suficiente por si mismo para estabilizar los precios de venta al público de los carburantes en unos niveles razonables y no inflacionarios, hará falto algo más. Los verdaderos malos de la película no son ni la OPEP (simplemente defienden sus ingresos) ni las compañías petrolíferas, sino las Administraciones Públicas de los países consumidores occidentales con su increíble afán recaudatorio en base de Impuestos Especiales sobre Hidrocarburos (IEH). Esto se puede demostrar a simple vista.

El precio del crudo ha aumentado desde Marzo del 99 un 200% (grosso modo y redondeando) en dólares y - aplicando la caída del Euro frente al dólar- un 250% en Euros. Al mismo tiempo el PVP de la gasolina súper y del gasóleo A (automoción) han subido respectivamente un 25% y un 41%. Queda bastante claro que el precio del crudo no es el factor más determinante en el PVP de los carburantes. Los factores más determinantes son la combinación de los Impuestos Especiales sobre los Hidrocarburos con el IVA. Para que vean claramente el impacto de estos impuestos sobre el precio final les refiero al siguiente cuadro:

Tipo PVP99 PVP00 IHC PC IVA16% I.T. I. PVP I.PC C.T
GasolinaSúper 120 150 67,5 36 16,5 84 70% 233% 30%
67,5 61,5 21 88,5 59% 145% 41%
GasóleoA 85 119 45 28 12 57 67% 200% 33%
45 58 16 61 51% >100% 49%
Cifras en Ptas./litro. IHC=Impuesto sobre Hidrocarburos. PC=Precio base carburantes.
IVA=16% sobre (PC+IHC). IT=Impuesto Total. I.PVP=Impuesto como % PVP
I.PC=%Impuesto sobre PC. C.T= %PC de PVP.

El PC que hemos descrito como "Precio base combustible" tiene 3 componentes:
1)El precio del crudo por litro.2)Transporte del crudo, refinación y transporte de los subproductos.3)Distribución nacional, transportes locales, márgenes comerciales.


Esto es historia
En Marzo del 99,con el barril de crudo (159litros) a 10 dólares y el dólar a unas 160 pesetas, el precio del crudo por litro salió casi exactamente a 10 pesetas. El PC de 36 pesetas se dividía -según los 3 apartados- en 1)10 pesetas 2) 13 pesetas y 3) 13 pesetas. Desde entonces el componente PC de la gasolina súper ha subido 25,5 pesetas y podemos decir con total exactitud que este aumento se debe exclusivamente al subcomponente 1). Simplemente hay que aplicar el aumento del 250% (en Euros/Pesetas) a las 10 pesetas de Marzo 1999.También podemos afirmar que las compañías petrolíferas españolas no mintieron cuando decían que no habían aumentado sus ingresos por márgenes comerciales sobre la refinación, la distribución y la comercialización de combustibles. Es verdad que como explotadores de pozos de petróleo sus ingresos han aumentado vertiginosamente, pero esto es otra historia.

Los impuestos sobre Hidrocarburos tienen la tendencia a desdibujar el mercado de una forma sorprendente según la clasificación de los productos. Dos casos curiosos son el Gasóleo B (Pesca) y el Queroseno (Aviación). Como los dos son exentos no solamente del Impuesto sobre Hidrocarburo sino también del IVA, la subida del precio del crudo les ha tocado de lleno, y las subidas en el PVP han sido del mas de 100% (un aumento del 250% del componente 1). Algo parecido ocurre con el Gasóleo B (Agricultura) y C (Calefacción), los dos tienen un IHC bajo (13,1Ptas. /litro) y un IVA del 16%. Como es lógico el impacto de la subida ha sido inferior a la de los dos ejemplos anteriores pero sigue siendo muy superior a la de la gasolina y del gasóleo A, del orden del 80%.

Como ya hemos dicho antes, negociar un acuerdo a largo plazo- sensato y interesante para las dos partes- directamente con la OPEP (e indirectamente con todos los demás países productores) es absolutamente esencial para poder estabilizar el precio del crudo, y debía de haberse hecho hace ya años. No obstante, para garantizar a los usuarios precios económicamente viables, habrá que complementar tal acuerdo con una política fiscal activa y flexible. Los Impuestos sobre Hidrocarburos en la Unión Europea son además de abusivos (en promedio el triple de los vigentes en Estados Unidos) totalmente inflexibles.

Centrémonos en un ejemplo de la importancia de estos impuestos y el del margen de maniobra que aportan a los gobiernos: Hace pocas fechas el gobierno negoció con las comunidades autónomas la supresión de la deuda sanitaria y un nuevo sistema de financiación, bien, prácticamente el 90% de los 1500 millones de euros que se aportaran a la sanidad proceden de impuestos sobre los carburantes. Es el dinero fácil de los gobiernos. Pero nosotros como consumidores/usuarios del estado de bienestar, debemos ser realistas y pensar que nos conviene más, pues todo lo que recibimos lo estamos pagando con creces. Debemos decidir si queremos un padre/estado subvencionador de todas las actividades de la vida, o un sistema ágil y libre que nos permita maniobrar con nuestros ingresos y decidir en que los empleamos.

Una política energética/fiscal adecuada es de importancia vital para la economía. La subida del precio del crudo ha dado al traste con la previsión de inflación para este año, ella sólita. La subida del crudo forzará al alza todos los precios energéticos, y habrá un efecto multiplicador a través de toda la economía. Tratar de contrarrestar este efecto subiendo la tasa de interés como ha hecho el BCE es totalmente contraproducente. Estas medidas solamente tienen sentido cuando el aumento de inflación es debido al recalentamiento de la economía, pero como esto no es el caso, subir la tasa de interés solamente agrava el problema ya que esta subida es por sí inflacionaria. Si las mensualidades de las Hipotecas suben, se puede generar el tipo de inflación que a la larga puede provocar un estancamiento y hasta una recesión (la deuda hipotecaria de empresas y familias españolas se situaba, en febrero de 2004, en 602.259 millones de euros). Por estas, y otras muchas, razones, bajar el IHC, o por lo menos convertirlo en flexible, tendría efectos muy saludables.

Los agricultores, los pescadores (sic), los transportistas y otros están pidiendo a gritos y en manifestaciones, una bajada del IHC. También, y con bastante lógica por cierto, lo esta pidiendo la OPEP (recuerda que estos impuestos en el fondo tuvieron que ver muy mucho con las crisis anteriores). Hoy los agricultores cortan las carreteras, ayer los pescadores los puertos y anteayer los transportistas desabastecían nuestros mercados de abastos. La reacción de los políticos socialistas ha sido de manual, ceder, a cambio ya lo cobrarán al consumo, el dinero vuelve siempre a casa cuando hablamos de impuestos. Si incrementan los ingresos de estos sectores, ya lo gastarán como consumidores, Mr. Solbes nunca pierde.

La reacción de los ecologistas (y de muchos medios de comunicación) es también antológica. Dicen, más o menos, lo siguiente: " De cara al futuro no se debe hacer nada que incentive el uso de un producto caro, no renovable, y contaminante". Ya sabemos que un impuesto que originalmente fue inventado para asegurar la financiación necesaria para la construcción de carreteras (un timo que se hizo evidente con la aparición de las carreteras de peaje) fue convertido en un supuesto "impuesto ecológico" (otro timo). El concepto mismo es el resultado de un desconocimiento total del funcionamiento de la industria petrolífera (los profesionales del ramo sí lo saben pero ni se molestan en explicarlo; contra los mitos no se puede luchar). Vamos a tratar de explicarlo:
En la refinación del crudo salen en primera instancia, y de forma inevitable, tres productos básicos: gasolina, nafta y queroseno. Al final del siglo XIX la gasolina formaba el 25% de todo el proceso de refinación, lo que creó un enorme problema para las refinerías ya que por entonces- antes de la aparición de los coches- este producto no tenía ninguna aplicación. Cómo el almacenaje era imposible no había más remedio que hacer una quema controlada y continua (¡ la contaminación es anterior a los coches!).La aparición de los coches y su vertiginoso desarrollo posterior no solamente solventó el problema sino exigió tal aumento de producción de gasolina, que, hoy en día, aplicando nuevas técnicas de refinación la cantidad de gasolina por barril ha aumentado hasta el 45%. Un parte importante del resto va destinado a la industria petroquímica. Esta industria es por mucho la parte más positiva de todo el ramo petrolífero, creando miles de productos -desde asfaltos, a plásticos y medicinas- para mencionar solo algunos de los más conocidos- sin cuya producción la vida moderna sería impensable. Como esta industria es una de los más pujantes y vitales, esta en continua expansión, lo que implica, indirectamente, la producción de cada vez más gasolina.

El lector entenderá el enorme dilema; con la técnica de refinación actual una restricción al consumo de carburantes, por precio o de otras formas, crearía unos enormes sobrantes de gasolina totalmente inmanejables e incontrolables. La única manera de romper tal dilema seria unas restricciones simultáneas tanto al consumo de gasolina como al consumo de productos petrolíferos por parte de la industria petroquímica. Esto tendría incalculables e inaceptables efectos económicas. Como vemos hay muchos cabos que atar antes de poder solucionar los problemas del crudo. ¿Soluciones?, como meigas: haberlas, haylas.

Al principio ya hemos mencionado la importancia de llegar a acuerdos sensatos y duraderos con la OPEP (en representación de todos los países productores), pero mientras tanto habrá que cambiar la filosofía del IHC. No es cuestión de abolirlo, ni de bajarlo definitivamente, sino crear una escala inversa donde un aumento del precio del crudo va emparejado con una bajada del IHC- y a revés- con el único objetivo de estabilizar los PVP. Ejemplos:

1)Gasolina: Para estabilizar en este momento los precios de la gasolina súper en Ptas.125 habría que bajar (temporalmente) el IHC de 67,5 a 42,5.
2)Gasóleo A: Hay que estabilizar los precios a 90/litro con una bajada del IHC de 45 a 20.
3)Gasóleo B (Agrícola): No hay ninguna lógica en dar, a priori, un tratamiento fiscal diferente a la agricultura que a la pesca. Al contrario, aquella es mucho más importante para la economía nacional que esta. Para la agricultura habrá, temporalmente, que eliminar tanto el IHC como el IVA.
4)Gasóleo B (Pesca): El único caso donde habría, otra vez temporalmente, que aplicar un subsidio.

Los casos 3 y 4 podrían perfectamente ser financiados con un "windfall tax", al estilo estadounidense, a las compañías petrolíferas. Un "windfall tax" es un impuesto especial sobre beneficios frutos del azar, o sea la parte de los beneficios que no son el resultado normal del buen hacer de la compañía. Podemos calcular que con el crudo a 30 dólares/barril, el 60% de los ingresos de las compañías petrolíferas por la explotación de sus "propios" yacimientos" es beneficio puro y extraordinario. Sería perfectamente legitima de aumentar los impuestos corporativos sobre esta trama del 35% al 70%. De esta forma los beneficios empresariales después de impuestos por este concepto se multiplicarían solamente por 3 en vez de por casi 9. Con este impuesto se podrían financiar lo expuesto en los puntos 3 y 4, y además parte de los puntos 1 y 2.

Ya sabemos que el Gobierno no esta dispuesto a hacer nada de esto, bajo el pretexto de que no se pueda ir en contra de las reglas establecidas por la Unión Europea. Pero estas reglas no son, o por lo menos no deberían ser, sagradas, y ya veremos si van a aguantar la fuerza de los acontecimientos. De todas formas, no creo que nadie podría impedir rectificar lo más nefasto del sistema, lo de "impuestos sobre impuestos". El IVA se aplica ahora a la SUMA del precio base de los carburantes y los impuestos sobre hidrocarburos. Aplicando el IVA solamente al precio base, los PVP bajarían un promedio de un 7%. (Para darse cuenta lo que significa el IVA aplicado a los impuestos sobre hidrocarburos, imagínense la aplicación del IVA al ¡ IRPF!).

Creo que ha quedado claro que los menos culpables de la crisis energética actual son los países de la OPEP. Como es bien sabido, la demanda solamente tiene que ser ligeramente superior a la oferta para que los precios suban vertiginosamente. El exceso de demanda es tal que en este momento faltan petroleros y capacidad de refinación para hacerlo frente, con el resultado de que los precios de los productos refinados suben mas deprisa que el precio del crudo en sí.

El abaratamiento exagerado del crudo durante gran parte de la década de los 90, puso en suspense toda la inmensa labor de ahorro energético y de desarrollo de fuentes alternativas hecha durante los 80. La idea de que Occidente hubiese puesto a la OPEP de rodillas y que se hubiera asegurado de crudo barato para las próximas generaciones demostró ser totalmente ilusorio. Gracias a este tipo de idioteces hemos perdido 10 preciosos años y esperamos que la factura no vaya a ser demasiado alta. Se esta diciendo ingenuamente que la inflación por el precio del crudo solamente represente una quinta parte del total. Será la inflación directa, porque la indirecta esta a punto de estallar. Los agricultores, los pescadores, los transportistas, las compañías de aviación (con un aumento del 100% en el coste del queroseno) etc. etc. no van a tener mas remedio que aumentar sus precios, y no nos olvidamos de la industria petroquímica. Para dar solamente un ejemplo: las previsiones son que muy pronto el precio de los plásticos va a aumentar hasta un 70%. La inflación indirecta atribuible al precio del crudo puede doblar, si no triplicar, todas las previsiones del Gobierno.

Ya hemos apuntado más arriba las medidas (o por lo menos algunas) que los países de la Unión Europea deberían adoptar a corto plazo. Vamos ahora a considerar lo que habría que hacer a largo plazo, y sin dejarse influir por futuras bajadas en el precio del crudo.

1)Restricciones sobre el uso de hidrocarburos: Ya que el crudo es un producto finito y no renovable (los yacimientos existentes se agotarán a finales del siglo XXI a niveles de extracción actuales) y considerando la importancia de la industria petroquímica, es de locos malgastar la mayoría de la producción quemándolo en la locomoción y la calefacción. Habrá que imponer restricciones al uso de la gasolina y el gasóleo A para usos no profesionales, posiblemente con un sistema de cupones de racionamiento. En las ciudades, por lo menos la mitad del uso de los coches privados es completamente innecesario,y su limitación eliminaría además gran parte de los problemas de tráfico, de aparcamiento y de polución y estimularía el uso del transporte público.

Es interesante el experimento desarrollado en Lyon, Gijón o Córdoba: El servicio Cyclocity es un sistema de alquiler gratuito de bicicletas que JCDecaux pone a disposición de los Ayuntamientos de aquellas ciudades de cuyos servicios de mobiliario urbano es concesionario sin coste alguno para las arcas municipales. En España funciona en Gijón y en Córdoba donde JCDecaux ha instalado 64 y 35 bicicletas respectivamente. El objetivo es que el usuario se desplace en bicicleta por la ciudad, esta experiencia podría funcionar bien en pequeñas ciudades.

2)Cambios en la técnica de refinación: Simultáneamente las refinerías tendrán que cambiar su técnica de refinación para bajar la cantidad de gasolina creado en el proceso, paulatinamente, desde el 45% actual hasta el 25% de principios de siglo, para de esta forma evitar la formación de enormes depósitos inmanejables de gasolina. Con el tiempo habría que desarrollar tecnologías nuevas para poder eliminar la gasolina como subproducto del proceso de refinación.

3)Estimular el hidrógeno como carburante alternativo: Las grandes compañías petrolíferas están investigando hace ya años la producción y aplicación de hidrógeno para la automoción. La Shell tiene un laboratorio en Amsterdam exclusivamente dedicado a esta tarea, y piensa propagar el eslogan:"El agua se convierta el hidrógeno, que se convierta en agua, que se convierta en hidrógeno.........". (Se cuenta desde hace ya tiempo una historia apócrifa según la cual la Shell compró en los años treinta la patente de un motor de agua (sic) de un inventor holandés.)La existencia misma de un "Foro Internacional sobre Energía de Hidrógeno" demuestra que el proceso esta muy adelantado, y su no-aplicación tiene que estar muy relacionado con el problema de las refinerías en lo que se refiere a la producción infrenable -con el sistema vigente- de gasolina.

4)Estimular el desarrollo y uso de coches eléctricos, binarios, de hidrógeno o biodiesel para el tráfico urbano.

5)Convertir la investigación sobre plantas nucleares de "fusión" en uno de los retos principales de la humanidad.

6) Implantar sistemas de cogeneración y energías renovables en las industrias y comunidades de vecinos o pequeñas poblaciones.

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