domingo, 25 de septiembre de 2005

Libertad, ¿que libertad?

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JOSE MANUEL ARECES
Resulta, cuando menos, curioso el sistema en el que nos ha tocado vivir; aparentemente se trata de una democracia en la que cada uno, siempre respetando las leyes, puede campar a sus anchas y desenvolverse a su aire, al menos ese es el aspecto formal de nuestra democracia. Si somos personajes críticos y no nos conformamos con ver la superficie, observaremos que las cosas no son tal y como parecen. Más concretamente, el delito socialmente más penado es andar por libre, curioso, cuando España es de toda la vida la suma de cuarenta millones de individualidades, pero claro, al sistema le interesa controlarte, te ofrece unas opciones y debes escoger entre ellas para estar bien encasillado y fichado.
Podemos comparar lo que nos rodea con un supermercado: En sus estantes y parabanes podemos encontrar una amplia oferta de productos, y gran variedad en el surtido. Efectivamente somos libres de elegir, pero sin pasarnos, por poner un ejemplo, si nos interesa la política podemos ser nacionalistas en tres versiones, radical de izquierdas (HB, ERC), conservador (CIU, PNV) o del Bloque nacionalista Galego, este ultimo queda sin definición exacta, pues ya se sabe que Galicia es tierra aparte: Patria de meigas, Manoliño Fraga, el pulpo a feira y ultimo santuario de los valores patrios.
Si nos interesase algo más definido en el campo nacional podemos escoger entre el PP, PSOE o IU. En el terreno sindical el sistema tiene una oferta un poco más corta, pues ya se sabe, según las recetas de la izquierda que es la que lidera el pensamiento y nueva teología, no se puede ser liberal, conservador o de derechas y sindicalista, debe ser que en el momento que eres asalariado pasas obligatoriamente a ser de izquierdas y si eres empresario debes ser de derechas, pero si no te adaptas a una de estas definiciones quedas condenado a vagar por el limbo.

Así tenemos dos sindicatos mayoritarios, UGT y CCOO y algunos otros de funcionarios, si no te va lo que hay, pues habrás de ser como la mayor parte de los españolitos de a pie, socio del Real Madrid o del Barça. En definitiva, somos libres de escoger la opción política que nos más nos desilusione, la empresa de telefonía que nos arruine, el canal de televisión que nos embrutezca, el diario menos controlado por intereses partidistas, pero poco más, todo tiene que provenir de una de las casillas previamente determinadas por el sistema.

Puede que la lectura que estas líneas aporta pueda parecer un tanto exagerada, tal vez pesimista, pero verdaderamente queda poco espacio en este solar para la disidencia, el libre pensamiento, la autonomía en la acción y sobre todo para llamar a las cosas por su nombre. Este sistema, en ocasiones, está tan determinado en el encasillamiento marquista que nos obliga a llamar al pan; Bimbo, al vino; don simón y al chorizo; Revilla, ¡claro!, por eso los niños de Madrid creen que la leche viene del Tetra Brik. Todo lo que se salga de estas premisas y de los limites que marcan a nuestra libertad es anarquía y condena segura al anatema. ¿Quizás por eso contamos con la mayor población de pasotas de la historia?.

Esta que ha sido patria de revolucionarios, guerrilleros, saltatumbas, idealistas, empecinados y quijotes, se ha convertido en un bodrio, descafeinado, envasado al vacío y bajo en colesterol. Pasamos por la vida como zombis: cuanto menos ruido hagamos mejor, estamos europeizados y homogeneizados.
Creo que voy tomar uso del lema de la familia Cela; -El que resiste vence-, y me voy a tirar al monte de la disidencia, pero no voy a protestar tal y como el sistema me exige, por la vía del contencioso administrativo y rellenado tres impresos mas póliza. No, voy a vivir como mejor me parezca, llamaré a las cosas por su nombre y opinaré tal y como me venga en gana. ¿Que me excluyen socialmente?, pues me harán un favor. Pero no se puede tener ojos y cerebro y pasar por este país antes llamado patria sin sentir nauseas por lo que nos rodea.

Para celebrar esta decisión comenzaré mi revolución particular: voy a comer chorizo de matanza ilegal y casero, con unos huevos fritos de corral procedentes de gallinas que no toman piensos compuestos y beberé un vaso de vino sin pasteurizar, después montaré un partido político para mi solito y hasta lo voy a legalizar, se llamará "A mi, plim" o "Que me quiten lo bailao". con sede social en un pueblo abandonado, así podré gobernar la junta vecinal y de ahí al estrellato.

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