lunes, 16 de agosto de 2010

Pepiño nos sube los impuestos

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JOSE MANUEL ARECES DE ÁVILA.- Editor El Reformista

El Ministro de Fomento, a la sazón, mandamás del socialismo cavernícola español, un tal Pepiño, anunció este fin de semana que quiere que subir, aún más, la carga impositiva a los españoles sufrientes, a saber, la clase media. El pope de la reserva espiritual europea de la izquierda retro, sigue en su empeño de llevarnos al corazón de Europa. Según dice este lumbreras al mando de Fomento, y de gran parte del aparato socialista, tenemos una demanda por parte de la ciudadanía de unos servicios públicos de calidad, y eso hay que pagarlo. Blanco debe estar bastante triste, porque a su Ministerio de propaganda cementera le han recortado una gran cantidad de obras, y ¿quien mejor para financiar sus ambiciones políticas que los paganos de turno?.

Al parecer, según proclama Blanco, tenemos unos servicios de lujo, pero pagamos muy poco por ellos. El administrativo de Lugo considera que tenemos una de las cargas impositivas más bajas de Europa, y para ser más europeos, hemos de apretarnos más el bolsillo, la previsión es que nos suban un 6% la actual carga impositiva que soportamos. Pepiño no se ha referido, este fin de semana, en sus reclamaciones liberticidas a los ricos, en esta ocasión no, porque sabe que los únicos que aportan la gran tajada a la hacienda pública son las clases medias, esa masa cada día más flaca y oprimida, la que con más contundencia, está sufriendo la carga fiscal para mantener a subsidiados profesionales, alianzas de civilizaciones, estudios de clítoris, embajadas separatistas, la promoción del bilingüismo entre los indígenas de América, las subvenciones para el enriquecimiento de los sindicatos verticales, los dineritos para las fosas de la memoria histórica, las cabalgatas del orgullo gay, el mantenimiento de unos partidos políticos que son una merienda de negros, los 30.000 coches oficiales, y las películas infumables del sindicato de la Bardem, entre otros. Es cierto que España precisa de servicios públicos de lujo, pero para recibirlos no es preciso abonar más dinero al estado, lo que hace falta es que se recorte el gasto público, que se racionalice, y que el dinero se destine a servicios de verdadera utilidad pública. La realidad es que este gobierno socialista es incapaz de ahorra, de racionalizar el gasto y lo más importante de gestionar eficazmente los servicios. Un derrochador, culpable, en gran medida, del estado faraónico que soportamos, no puede liderar la solución al problema del que es responsable. De ninguna manera, porque es lo mismo que poner al frente de la extinción del fuego, a un pirómano.

Los socialistas quieren que paguemos impuestos al mismo porcentaje que en Europa, pero curiosamente no se habla del nivel de los ingresos que tienen las clases medias en otros países europeos, que es mucho más alto, tampoco se habla de la calidad de los servicios que se prestan en otros países, y desde luego, la calidad de los políticos tampoco es equiparable. Si me permiten la boutade; Pepe Blanco quiere darnos el nivel de calidad y servicio de un almacén de chinos, eso sí, a precios de El Corte Inglés.

La masa mileurista, que sigue creciendo a un ritmo imparable soportará, en gran medida, esta subida impositiva. Ya sufrimos sucesivas subidas de combustibles, electricidad, gas, el IVA y otros impuestos indirectos, pero no es suficiente. Con los niveles escandalosos de paro que tenemos, y un crecimiento del 0,2%, un gobierno responsable no puede subir impuestos, porque lo único que hace es ahogar la economía, desalentando a los emprendedores, hurtando dinero de nuestros bolsillos y por tanto reduciendo el consumo, aumentando el paro, y haciendo crecer el gasto en prestaciones sociales: es la pescadilla que se muerde la cola, como vulgarmente llamamos a una espiral imparable. A mayores impuestos, más corrupción, más ineficiencia, mayor tamaño del estado, lo que lleva a más pobreza per cápita, aumento de las desigualdades sociales y menor libertad individual. Ese es el resumen de los logros que obtendremos con las propuestas de Pepiño Blanco y Zapatero.

Tras la fantasía veraniega llega un otoño, caliente en lo político y gélido en la vida real, más allá de palacios y magistraturas. La separación entre lo público y la ciudadanía ha llegado a tal extremo que pronto tendremos que ver carriles especiales para la casta dirigente en las carreteras, semejantes a los que existían en la extinta unión soviética. Pero aquí todo el mundo es corresponsable de lo que vivimos, no nos engañemos, y responsables de lo que nos espera. Son muchos los ciudadanos corrompidos por la dadiva, el favor, el carguito en la empresa pública, el sindicato, el ayuntamiento, la cámara de comercio, la asociación o fundación correspondiente, y demás chiringuitos controlados por la casta. Son muchas las familias que al calor del partido se benefician de un sueldo, por pequeño que sea, y todos estos estómagos agradecidos matarán, si es preciso, por su amo. En España quedan muy pocos hombres libres, y cada día hay más y más siervos. La servidumbre moral, anula el espíritu crítico, aborrega el carácter, y enflaquece los valores cívicos. Son las consecuencias de un sistema clientelar. En un estado intervenido, como es el caso de España, el grado de corrupción de los dirigentes políticos es directamente proporcional a la corrupción moral de los siervos que los sostienen en el poder.

Por tanto, no duden los lectores que los impuestos subirán, y que esos impuestos serán soportados, en su gran mayoría, por las clases medias. No duden tampoco que esos servicios de calidad que a cambio, se supone merecemos, no llegarán nunca, porque el estado insoportable que mantenemos es un animal que todo lo devora, para continuar creciendo sin límite.

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