viernes, 16 de julio de 2010

Zapatero defiende el desacato a la sentencia del constitucional y promete a Montilla y partidos catalanes “desarrollar el estatuto”

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JOSE MANUEL ARECES.- Editor El Reformista

Hemos vuelto a escuchar a un hombre ausente de la realidad, en las nubes, carente de sentido de la proporción y sometido a los vaivenes de su inestable posición parlamentaria
Durante su discurso en el debate sobre el estado de la Nación, Zapatero se ha contradicho permanentemente en cuanto a la sentencia del Estatuto. Por una parte ha asegurado que estaba muy contento con la sentencia y que por tanto respeta dicha sentencia del Tribunal Constitucional, pero instantes después promete desarrollar el Estatuto de Cataluña en un guiño a Montilla, en un claro gesto de desacato.
En este sentido, Rodríguez Zapatero, ha dicho públicamente que tratará de saltarse la sentencia del estatuto a la torera, desarrollándolo mediante nuevas leyes orgánicas, poniendo así al parlamento por encima del constitucional, y culpando como es costumbre al PP del problema del estatuto catalán. Zapatero ha señalado que la norma catalana es “expresión de la legítima opción política de un Gobierno que no recela del autogobierno, sino que lo reconoce, y que no teme la fuerte identidad política de Cataluña, sino que la respeta”. En ese sentido, ha insistido en que evaluará “la posibilidad de que algunos de los aspectos que han sido declarados inconstitucionales no por razones de fondo, sino de tipo de norma apto para regularlos, puedan ser abordados, como indica el propio Tribunal, por el cauce constitucionalmente procedente”. Y ha recalcado que todo ello lo hará “en diálogo con la Generalitat“. No le ha faltado asegurar que será “sensible” a la “expresión de muchos catalanes en defensa de su identidad”, lo cual supone dejar de lado la opinión del pueblo español en general.

Hoy hemos visto al Presidente de un gobierno acabado y alejado de la realidad del país, desconectado de las necesidades y la situación real de trabajadores y empresarios. En un discurso ausente de la realidad social por parte de un personaje que parece no estar en este mundo. No se ha podido escuchar ni un anuncio nuevo de reforma, ni una sola propuesta, todo han sido loas al Plan E, y datos confusos cuando no tergiversados sobre planes ya antiguos. El baile de datos y cifras presentado por el presidente ha sido un mar de contradicciones y medias verdades.

Rodríguez Zapatero no ha parado a lo largo de su discurso de hacer llamamientos a la colaboración y al pacto con los partidos políticos. “Estamos en un momento trascendental, crucial. Tenemos que culminar esta transición cuanto antes porque de esto va a depender nuestro bienestar, el de ahora y el de las próximas décadas”, ha dicho antes de hacer una llamada directa “al esfuerzo colectivo”, porque, ha dicho: “Esta es una tarea de país, un reto de país, una ambición de país. Y como tal hemos de interiorizarla”.

No se ha anunciado ninguna nueva medida económica, todas las reformas y planes proceden de antiguo, el Presidente del Gobierno prácticamente se ha deshecho en alabanzas vendiendo su famosa ley de economía sostenible (la cual aún no ha comenzado a ejecutarse), y ha realizado su máxima apuesta en aumentar el esfuerzo industrial en un producto tan superfluo en estos momentos como es el coche eléctrico, precisamente en un país que paradójicamente no genera suficiente energía eléctrica.

En su debate particular con el líder de la oposición Mariano Rajoy no ha dudado en culpar a este de todos los males del país, en achacarle su falta de colaboración y en retarle, un año más a presentar una moción de censura. Rajoy por su parte ha demostrado la insolvencia y la falta de credibilidad de Zapatero, ha justificado que la fuente de los problemas no puede ser el mejor gestor para las soluciones y no ha dudado en reclamar la convocatoria de elecciones anticipadas. Zapatero por su parte se ha escudado, como siempre, en su victoria electoral de 2008 para agotar la legislatura.

En un discurso falto de fuelle, nuestro Presidente ha pretendido vender una supuesta mejora de la economía como un éxito de su gobierno, esta mejora se basa a su parecer en que los españoles hemos reducido nuestra demanda o dependencia del crédito, cuando esto en realidad se debe a su ausencia. Zapatero ha querido convencer a la ciudadanía de que los esfuerzos de la sociedad por ajustarse el cinturón, soportar sus subidas de impuestos y sus retrasos en la toma de medidas concretas, son resultado de su buen hacer. Causa sonrojo observar a un hombre que no solo no es capaz de admitir la realidad, sino que no duda en mentir permanentemente y echar los balones a la oposición. La única cosa clara que hemos sacado de este aburrido debate, de puro trámite es que Zapatero no piensa abandonar el poder, que está dispuesto a llevarse a media población por delante si fuera preciso, y que sigue en su empeño de formar una federación de Taifas saltándose a la torera la carta magna y lo que fuere preciso.

No puede liderar la salida de una crisis un hombre que ganó unas elecciones mintiendo a la sociedad, negando la existencia de dicha crisis. Estamos de acuerdo con Rajoy en que Zapatero es el problema, y no sería malo comenzar a conocer las propuestas del líder de la oposición para su gobierno. Nos queda por delante un año y medio muy duro, pues Zapatero solo actuará bajo demanda exterior, entre tanto continuará contento y feliz viendo los inexistentes brotes verdes, conejos con chistera, burros volando y cualquier fabulación de las que por doquier le pintan sus más de 6oo asesores.

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