viernes, 23 de enero de 2009

El papelón de UGT y CCOO

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JOSE MANUEL ARECES.-
Mientras una permanente ráfaga de cortinas de humo, en forma de novelas de espionaje, recorre los mentideros de la capital madrileña, me van a permitir que me centre en las cosas que verdaderamente importan, aquellas de las que no se quiere hablar. Estoy dedicando estos días a realizar un repaso exhaustivo de los problemas estructurales que han llevado a España a una crisis sin paragón, y que la enfrentan a la que llama Mayor Oreja; la segunda transición. Hemos hablado de políticos, de economía, y de las inútiles y costosísimas comunidades autónomas como causas de nuestro problema estructural, hoy le toca a los sindicatos llamados de clase o mayoritarios, a saber CCOO y UGT, ambos son parte importante del destrozo que vivimos.

Recientemente alguien, en nada sospechoso de resultar de derechas, como es Julio Anguita, al que respeto personalmente y del cual discrepo en lo político, ha manifestado, con contundencia y su tradicional sentido común, en referencia a UGT y CCOO, que "no están haciendo lo que debieran" ante el crecimiento del desempleo y el aumento del número de parados que no tienen asistencia alguna. Anguita añadió, que "todos los sindicatos, pero especialmente los dos mayoritarios, son un apéndice del Estado, una cadena de transmisión de las políticas que han constituido el soporte de los distintos gobiernos".

Estas son verdades como puños, y además se agradece que procedan de alguien de la izquierda. Los sindicatos de clase son meros instrumentos al servicio del gobierno del PSOE. Estas enormes centrales no son más que un negocio de la izquierda, en donde se refugian de sus empleos los liberados y paniaguados, de algunas empresas y de muchos organismos públicos, y a los que difícilmente se ve el pelo por su centro de trabajo en mucho tiempo. Como si de un país comunista se tratara, estas enormes organizaciones se han poblado de burócratas, han crecido a costa del patrimonio de los extintos sindicatos verticales, y viven del supuesto patrimonio histórico, y de las subvenciones del estado para prestar servicios, que están bastante lejos de lo que es la defensa de los derechos de los trabajadores. Los sindicatos, entre otros negocios, se dedican a repartirse con la patronal parte de los fondos de formación para empleados, y hacer así la competencia a las empresas educativas, es decir al mercado, o sea a la sociedad.

Los sindicatos CCOO y UGT, en lugar de acudir a apoyar a los empleados a sus empresas, dedican su actividad a participar en las innumerables mesas de representación que el estado, y comunidades autónomas les ofrecen. Otra de las actividades más importantes de UGT y CCOO, es actuar como máquina electoral para sus fines y los del PSOE. Así en la última década estas organizaciones, cuasi-institucionales, han visto perder su representatividad en todas partes a favor de pequeños sindicatos independientes de rama o gremio, más eficaces en sus reivindicaciones, y desde luego más peleones. Hoy en día UGT y CCOO no representan ni al 10% de los empleados españoles, pero son reconocidos como instituciones con representación por todos los partidos políticos. Es curioso cómo funciona en este país lo de la imagen.

Resulta absolutamente injusto, que comunidades autónomas y Gobierno del estado, sigan concediendo cuotas de poder y fondos, a dos organizaciones que no representan en nada ni a sus fines, ni a los trabajadores. Supongo que debe ser por la costumbre, la comodidad, y el interés, pero lo cierto es que esta sociedad es bastante más dinámica que sus instituciones, y de justos sería adjudicar la representatividad de la voz de los trabajadores, a la pléyade de organizaciones sindicales que verdaderamente están presentes en la brecha.

Quiero aludir finalmente al otro servicio de utilidad que CCOO y UGT prestan a su amo, y es el de mamporreros, brazo armado, alabarderos, o matones de barrio, como ustedes prefieran. Los sindicatos son la policía política del régimen socialista. Ejemplos muy claros los podemos encontrar en las campañas que orquestan, por orden de su amo, para generar cortinas de humo y desviar la atención de los asuntos que asedian al PSOE. En Madrid, por poner un ejemplo, tenemos sobradas muestras de las actuaciones de estos ultras a sueldo, con la permanente persecución a que someten al gobierno de Esperanza Aguirre. En España se ha instalado una costumbre que es la de pensar que si un acto ilicitico se practica por un sindicalista, es una obra social, somos así de estúpidos.

Dado que el PSOE e IU en Madrid, por el castigo de los votantes, están políticamente muertos, pues se dedican entonces a la guerrilla, su objetivo no es otro que impedir el reformismo y la regeneración de lo público, es decir, defender sus derechos y privilegios a toda costa, como buenos conservadores que en realidad son. Si alguien se opone a la modernidad y a los cambios, es la guerrilla de la poltrona, del chollo, de la liberación sindical, de no acudir a tu puesto de trabajo. Porque aqui de lo que se trata, en resumidas cuentas, es de ganar dinero sin pegar palo al agua, y les aseguro que hay gente que lleva en esa situación 20 años.

Las relaciones entre representantes políticos de IU y PSOE con los sindicatos, son de hermandad, pues se trata de las mismas personas. El caso es no trabajar y vivir del chollo a costa del erario público, si no tienes puesto de concejal, diputado o funcionario del partido, te metemos en el sindicato, que allí estarás muy bien. La actividad de UGT y CCOO en Madrid se reduce a actuar como brazo armado de los partidos políticos, en el fin revolucionario, de acosar al PP en las instituciones, boicotear, y sabotear su labor con el objetivo último de derrotarlo. Como vemos es el manual del buen marxista revolucionario seguido al pié de la letra, claro que a estos revolucionarios de salón, les pagamos todos de nuestros bolsillos, tienen empleo fijo y ganan más que nosotros.

Para regenerar España y limpiarla no podemos hacerlo en esta segunda transición sin desbancar a los sindicatos UGT y CCOO de las instituciones y órganos colegiados en los que sientan sus reales, sin derecho ni representación real. Por cierto a estos señores la democracia no les debe nada de nada y no hay derechos ni deuda histórica alguna que concederles. Les recuerdo, no en vano, que si queremos una democracia más limpia, y una sociedad más sana, solo hemos de hacer una cosa: Seamos mejores para vivir mejor.

1 comentario:

Antonio Ibáñez dijo...

Me quedo con el final José Manuel:seamos mejores para vivir mejor.