miércoles, 9 de julio de 2008

Ingeniería social

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JOSE MANUEL ARECES
El pasado fin de semana se reunió el cónclave del socialismo español, para celebrar sus victorias, y dibujar las líneas maestras de su plan de transformación de la sociedad española, acorde a su peculiar manera de ver el mundo mundial. Curiosamente la reserva espiritual del marxismo planetario reside, hoy por hoy, sobre esta piel de toro. El totum socialistum ha venido ha decidir que vistos los resultados electorales, este gobierno se soporta de una parte, en los votos de los fieles a la marca, y de otra muy importante, en una masa informe de radicales, incultos, minorías y revolucionarios a la violeta.

Esta amalgama social ha aportado a los socialistas la diferencia necesaria para mantenerse en el poder, único fin mundano de esta camada, y con su voto demanda una serie de cambios que ya despuntaban en el primer gobierno Zapatero. No se engañen, los sociatas quieren más poder y para ello han de eliminar de la ecuación al BNG, ERC e IU como competencia rojeril de una tacada, y de otra parte, neutralizar al Partido Popular. Bien, pues la jugada ha salido más que perfecta, para ello solo es preciso mentir como cosacos, mentir en las elecciones mediante un programa electoral de tintes moderados, y mentir a las masas negando la avenida de una crisis económica, los resultados han sido perfectos.

Las referencias al pasado, la denuncia de lo políticamente incorrecto y la demagogia barata fueron bastantes para dejar en la cuneta al PP, bueno, eso y la indefinición de los de Rajoy. El de Pontevedra sigue en sus trece y no contento con haber perdido, renueva esfuerzos rodeándose de una pandilla de sacamantecas, abrazafarolas, miedosos y vividores para enfrentarse a un PSOE más fuerte y peligroso que nunca con recetitas, espadas de plastilina, centrismo y muchas arrobas de indefinición ideológica.

Como es tradición el discurso del PSOE es tan eficaz que convence a los propios opositores. En la guerra es importante escoger el terreno para la batalla, es uno de los factores clave, junto con la sorpresa y una retórica que aporte la justificatio. En estos momentos el PP está en el huerto que le ha ofrecido el PSOE, es previsible, y no tiene justificación moral, porque se ha decidido por alejarse de la batalla de las ideas. Piensa la trouppe marianista que con la crisis económica,mucha niña mona, y un par de mensajes insustanciales, es suficiente para obtener una victoria. Pregunte Rajoy por el Rey Pirro de Siracusa. Craso error, continuamos en la misma situación que hace cuatro años, los socialistas tiene un proyecto a largo plazo, un proyecto que se basa en la ingeniería social.

Ingeniería social, terrible palabra que me produce un estremecimiento, de esos que te recorren el cuerpo desde los callos hasta la coronilla. Eso de la Ingeniería social me recuerda al aprendiz de brujo, me huele a Cuba y Venezuela, me sabe a pólvora y sangre, me suena a los organillos de Stalin, y me evoca negros nubarrones dictatoriales de cierta República fenecida.

Tras obtener el poder, el partido socialista ha renovado sus esfuerzos por deformar la sociedad española y controlarla a su antojo. Pretenden, sin arrobo, convertir a una mayoría a los gustos y usos de una serie de minorías con lobbys representados en el seno de Ferraz: el postfeminismo y su ideología de género, el marxismo rancio con sus afanes estatalistas, las minorías homosexuales, y los radicales protonacionalistas con sus veleidades federalistas, vierten sus ideas sobre las páginas de los programas de gobierno, y al parecer llevan las de ganar.

Yerra Rajoy cuando piensa que a los españoles solo les duele el bolsillo y que no hay batalla ideológica posible, se equivoca de plano, como ya es costumbre. Es la postura típica del comodón, del funcionario sabiondo. Esta piel de toro está plagada de una amalgama de seres y estares de lo más compleja, el paisanaje se mueve al dictado del tubo de rayos catódicos, el plasma y la TFT. Y en esta batalla ideológica los medios de comunicación son las armas, la superioridad moral e ideológica el alimento de los ejércitos, y la tierra quemada la estrategia para aplastar al enemigo.

Tras el congreso socialista hemos asistido a la confirmación de nuestros temores y advertencias, pasito a pasito nos van a endilgar la educación para la ciudadanía, la adopción gay, la eutanasia, el aborto indiscriminado y la persecución de la iglesia católica. Todo esto lo veremos envuelto en bellas palabras, edulcorado con el afán del progreso y la modernidad, asistido por los mass media y bendecido por los votos del ignorante pueblo español. El mal travestido en bien se cuela en nuestras vidas, de manera suave y dulce, ante la pasividad de un Rajoy imbuido en la más sonada de las ignorancias, que es la del bobo con estudios, y probablemente, rodeado por una reata de topos de la izquierda viviendo a costa de los euros del votante de derechas. Un proyecto para España, forjado hace décadas, comienza dar sus frutos, en el momento en que la generación nacida en la democracia se ha forjado bajo el yunque de la educación social-nacionalista. La materia social perfecta sobre la que trabajar cómodamente los corazones y las mentes.

El paisaje no puede ser más negro, frente a todo esto, ¿Qué podemos hacer?. No voy a ser de los que se rasgan las vestiduras y denuncian al poder sin aportar nada, ya que no soy político. Hoy más que nunca se precisa de un esfuerzo extra y sostenido por defender nuestra libertad, se exigen redaños y ganas, y es menester renunciar a las tentaciones, a la depresión, y la huída a los cuarteles de invierno. Hemos de aprender del enemigo y adquirir sus tácticas, así como aprovechar sus debilidades. Ese ha de ser nuestro afán, y bien sea en las calles o la clandestinidad, establecer un firme pacto de autodefensa y una economía de guerra.

Para plantar cara a esta blitzkrieg, desgraciadamente, hemos de olvidarnos del PP, pues se encuentra inválido y centrado en sus particulares intereses de poder. Solamente la sociedad civil puede plantar cara al poder, sí, con sus escasos medios, pero no tan pocos. Se precisa de fortaleza moral: la tenemos, de un modelo de sociedad: también lo tenemos, y finalmente necesitamos fe en nosotros mismos, ¿existe?. Para triunfar en nuestro afán hemos de evitar los errores de otros, y por tanto hemos de admitir quienes somos, sin complejos, y evitar las etiquetas que desde fuera nos quieran colgar. Seguidamente se precisa un plan para dos décadas, sí: veinte años, porque ellos han precisado de ese espacio de tiempo para triunfar, y no se necesita menos para deshacer este entramado. Disponemos del mejor de los medios de comunicación, Internet y la posibilidad de constituir innumerables plataformas cívicas donde encuadrarnos, porque ante la magna empresa que nos enfrentamos no vale ir de francotirador. En esta guerra los solitarios son carne de cañón. Hemos de renunciar a la individualidad ideológica, construir un discurso común y dirigir los golpes en una misma dirección, solo así se triunfa en Fuenteovejuna: todos a una.

Frente al discurso de la izquierda cutre hay que reunir una base moral fuerte, y contestar mirando a los ojos, sin complejos estériles, con la verdad, precisamos identificar líderes valientes que sepan mirar de cara al enemigo, y hablarle con tal claridad, que no quede duda alguna en las mentes de los electores. Nicolas Sharkozy actuó de esta manera, con un lenguaje nuevo, osado y rotundo, llamando al pan; pan, y desafiando a la pútrida moral de la izquierda con argumentos y valores de mayor peso, diciendo verdades como puños. Sharkozy representaba a un pequeño partido de derechas francés, no era el más poderoso, ni contaba con más afiliados que sus aliados circunstanciales, pero tenía un discurso, un plan, y la capacidad de convencer.

Si miramos al mundo que nos rodea descubrimos una importante crisis de valores, influida en gran parte por el supuesto progresismo, cuando las sociedades son ricas se adocenan, echan michelines, y pierden impulso, porque no hay necesidad. Frente a la comodidad, que es el destructor de los imperios; hay que forjar una nueva frontera. Frente al horizonte que dibuja la izquierda, debemos pintar uno alternativo, mejor y creíble.

La España en la que vivimos es el producto de los que están convencidos de su verdad, con una ideología fuerte. Así los nacionalistas, paso a paso, han ido construyendo su sociedad a imagen de sus ideas, y las izquierdas han moldeado a la masa social del mismo modo, por ello hoy vivimos en su mundo, por nuestra pasividad, por nuestro individualismo, por nuestra debilidad ideológica, por nuestra comodidad. Hemos cedido nuestra soberanía y de barato. Es nuestro deber repararlo. Es nuestra obligación moral, patriótica e histórica. Nos debemos al destino de España, y ese destino son nuestros hijos, y los que les sigan en adelante. Por tanto cada día que pase sin actuar, es un día que brindamos al eje nacional-socialista, es una oportunidad más que les brindamos mientras nos quejamos en blogs, barras de bares y reuniones de amigos. Parafraseo a Kennedy: No digamos lo que esperamos de nuestro país, ¿digamos qué estamos dispuestos a hacer nosotros por el?.

Particularmente me pongo a ello desde hoy, todo el que lea estás líneas es testigo, y también desde este momento pienso dejar de hablar con todo aquel que se queje y no haga nada. Abjuro de mis compañeros de fe, en tanto en cuanto no estén dispuestos a dar lo que se precise por cambiar el rumbo de los tiempos. Los días de ahuecar el ala quedaron atrás, los tibios que se hielen definitivamente o beban de este fuego, no hay termino medio posible.

Los tiempos reclaman, acción, coraje, sacrificio, deber, responsabilidad, valores fuertes, redaños, hechos. Son tiempos de guerra, de batalla soterrada, de lucha entre luz y oscuridad. Solo puede haber un vencedor, porque si no se han enterado: delenda est democracia. No quieran que vivamos aquella misma historia que decía algo así: primero vinieron a por los comunistas, y no hice nada, después fueron a por los judios, y no hice nada, más tarde fueron a por los católicos, y no hice nada. Hoy vienen a por mi, y no queda nadie que pueda hacer nada por ayudarme.

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