viernes, 23 de septiembre de 2005

Una aproximación al conflicto del Sáhara

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JOSE MANUEL ARECES
En estas fechas asistimos a la publicación de numerosas noticias referentes al conflicto del Sahara occidental, y quizás sea de interés que hagamos un pequeño repaso y conozcamos en detalle su historia.

España durante siglos ha tenido una presencia constante en los territorios del norte de África hoy conocidos como Marruecos y Sahara occidental, dicha presencia se remonta al siglo XIV e incluye la conquista de las Islas Canarias. De esta expansión territorial por razones de seguridad (en la lucha contra los musulmanes) hoy solo quedan las plazas de Ceuta y Melilla, así como nuestra presencia en las Canarias y algunos pequeños islotes, base para delimitar nuestras aguas territoriales. Tal es el caso del famoso islote de Perejil, que hace poco saltó a la fama por el intento de anexión por parte de Marruecos, de manera flagrante y contra el derecho internacional, mediante una invasión militar que fue expeditamente rechazada por nuestras fuerzas armadas y con el unánime apoyo de la comunidad internacional.

El Sahara occidental se encuentra al sur de Marruecos y frente a las islas Canarias. Las tribus nómadas vivieron al margen de las rutas comerciales en el Sahara Occidental hasta la Edad Media, en que las ansias expansionistas de los europeos convirtieron el mayor desierto del mundo en un goloso territorio aún por conquistar. Sin embargo hasta mitad del siglo XIX sus habitantes lograron defenderse de los esporádicos y fracasados intentos de ocupación. España fue el primer país que materializó la colonización a base de acuerdos de Amistad con los nativos.

Los recursos naturales que atesora (fosfatos, petróleo, gas y un importante banco pesquero) han convertido esa árida zona durante todo el siglo XX, en un deseado anexo geográfico. El Sahara Occidental fue una colonia española hasta 1975, cuando Marruecos lo invadió mediante la Marcha Verde. Para entonces, España ya se había comprometido, a instancias de la ONU, a iniciar los trámites de descolonización que contemplaban la convocatoria de un referéndum para la independencia. Sin embargo, la Marcha Verde sorprendió a España en un momento delicado -Franco agonizaba- y optó por sacudirse la responsabilidad abandonando el territorio. Esta marcha fue orquestada por el anterior monarca marroquí, Hassan II, en la que desplazó a todos los mendigos e indeseables de su país alentados con la promesa de viviendas y parcelas de tierra, a través del desierto, en una supuesta marcha pacifista.

Esta maniobra de invasión "pacifica" colocó a miles de indigentes ante las tropas españolas que protegían la frontera y que, por instrucciones de Madrid, finalmente cedieron. En aquel tiempo solo nuestros militares presentes en el Sahara y el Ministerio de Asuntos Exteriores español se batieron contra la decisión de ceder el Sahara a Marruecos, logrando que la ONU aprobara el derecho de autodeterminación del pueblo Saharaui frente a las ambiciones expansionistas de Marruecos.

El referéndum sigue pendiente de celebrarse, son ya 30 años los que dura este conflicto intenso, jalonado por diversos hitos, pero que retiene a cerca de 160.000 personas en campos de refugiados en el desierto argelino próximo a la frontera saharaui, así como a la población de los territorios del Sahara que vive bajo la opresión de los colonos marroquíes.
Dato curioso es que España es reconocida por la ONU como la potencia administradora del territorio de iure, según demuestra un reciente decreto del año 2002, de hecho el control sobre el espacio aéreo del Sahara occidental es responsabilidad del mando aéreo de Canarias.

En la actualidad, Marruecos ejerce su dominio sobre la ex-colonia española que lucha por ser reconocida como la República Árabe Saharaui Democrática y porque se cumpla el Plan de Paz de la ONU adoptado en 1991 por el Consejo de Seguridad, que ponía fin a 16 años de guerra con Marruecos.
Tropas españolas en el Sahara

Con la salida de España del territorio comenzó a librarse una guerra que enfrentó al Frente Polisario con sus vecinos del norte y el sur: Marruecos -que invadía el territorio por el norte,- y Mauritania -que hacía lo propio desde el sur-. Esta guerra comenzó en el mismo momento en que los marroquíes ponían pie sobre suelo saharaui y se desarrolló por parte de pequeños grupos guerrilleros que, poco a poco y con la ayuda de Argelia, disputaban cada metro de esta tierra al potente ejército marroquí.

El conflicto también alineó a Mauritania (el vecino del sur, pues parte de los territorios marroquíes fueron tomados por este país), de tal manera que en algunos momentos dos ejércitos se enfrentaron a los saharauis. A pesar de todo, los saharauis lograron rechazar a los mauritanos y controlar casi un tercio del territorio de su invadido país. En 1979, Mauritania, al borde de la quiebra, firma la paz con el Frente Polisario y renuncia a sus pretensiones sobre el territorio.

Sólo al final del conflicto Marruecos logró frenar el impulso del Frente Polisario mediante la construcción de un muro de una longitud de 2.720 kilómetros (más de dos veces España) y alzado en seis etapas, protegido por 160.000 soldados armados, 240 baterías de artillería pesada, más de 20.000 Km. de alambre de espinos, miles de vehículos blindados y millones de minas antipersona prohibidas por las convenciones internacionales.

El ''muro de defensa'' marroquí, actualmente conocido como “muro de la vergüenza” es una gran muralla que divide a todo un pueblo y su territorio desde hace un cuarto de siglo a sabiendas de toda la comunidad internacional. Una muralla militar que ha causado centenares de víctimas a uno y otro lado del mismo, entre los civiles saharauis que han querido atravesarlo o miles de animales en busca de pastos. Vigilado por decenas de radares de largo y medio alcance, apoyado por una aviación militar entre las más potentes de África, miles de carros blindados, misiles, cohetes, artillería pesada y bombas de racimo, este “crimen contra la Humanidad” sigue desafiando a todo el mundo con sus minas, su alambre de espinos, sus fosos, armas, municiones y soldados. Erigido en 1980 para dividir el Sahara occidental y separar a las familias, estas son las principales etapas de su construcción, que ha costado millones de dólares y cuyo mantenimiento cuesta otro tanto. Un detalle curioso es que el actual gobierno de Zapatero ha cedido tanques del modelo M-60, retirados de nuestro parque de vehículos, a Marruecos, estos tanques evidentemente irán destinados a reforzar el muro.

Desde los acuerdos de paz de 1991, la ONU creó una misión de paz, la MINURSO, para actuar en este territorio, velar por los derechos humanos y aplicar el denominado plan Baker, destinado a realizar un referéndum para la autodeterminación del pueblo Saharaui, el gobierno marroquí se ha encargado de agasajar convenientemente a los representantes de la MINURSO, tratándolos a cuerpo de rey para que hagan la vista gorda y el plazo para la celebración del referéndum se dilate.


Regresando a la actualidad, el escenario para dar solución a este conflicto se ha complicado. El anterior gobierno español, presidido por José María Aznar dió un importante impulso para que se realizara el referéndum y como repuesta nos encontramos con la invasión del islote de Perejil, en aquellos momentos nuestra respuesta no fue la debilidad que nos caracterizaba en política exterior, sino que procedimos a recuperar lo que era nuestro y a sostener los derechos de los saharauis.

Desgraciadamente con la entrada al gobierno de Zapatero, regresamos a la debilidad exterior y las tradicionales políticas de sometimiento a los intereses de Francia, que caracterizan a los socialistas españoles. Para tener en cuenta lo que se juega en este escenario, debemos buscar el porqué, y la respuesta se encuentra en los intereses económicos, como anteriormente mencionamos el Sahara occidental cuenta con importantes recursos pesqueros, mineros y energéticos. Estos recursos son explotados por sociedades que dejan al gobierno marroquí pingües beneficios y de los que Francia es uno de sus principales explotadores.

Como sabemos, Francia ha tenido una tradicional política exterior basada en comerciar con países africanos que gozan de importantes recursos sin exigirles el respeto por los derechos humanos. Pero actualmente, tras el final de la guerra fría, y muy especialmente después del 11 de septiembre, los Estados Unidos han lanzado una nueva política exterior consistente en la lucha contra el integrismo islámico, que supone una lucha frontal contra todo gobierno que no respete los derechos humanos, y asiente la democracia en su forma de gobierno. Aquí es donde Marruecos se encuentra en un brete, pues el integrismo poco a poco hace mella en su población (un ejemplo es como está prendiendo el sentimiento islamista en gran parte de las tropas de ocupación del Sahara), su gobierno dictatorial no mejora las cosas a nivel interno, y para colmo, el pueblo Saharaui es un freno claro cara a estos movimientos islamistas.

Todos estos hechos preocupan gravemente a Estados Unidos y gran parte de los países europeos. Sumemos el descubrimiento de recursos energéticos en las aguas próximas a Ceuta y Melilla, y frente a las Canarias, y se nos comienza a desvelar un escenario con el típico tufillo a intereses económicos. Marruecos aspira a controlar todos estos recursos, y la clave está en no dejarnos respirar, la suerte parece estar del lado del reyezuelo marroquí, pues ahora cuenta con un gobierno español dispuesto a plegarse a los intereses de dictadores, separatistas, terroristas y cualquier morralla de este mundo con tal de mantener el poder a costa de lo que sea.

El acto final de toda esta historia son las revueltas populares que han dado lugar a los recientes artículos de la prensa. Miles de ciudadanos Saharauis, guiados por líderes de los territorios ocupados, están comenzando un movimiento pacifico de resistencia en el interior. Esto supone un salto cualitativo en el conflicto dado que, hasta ahora, los enfrentamientos se llevaban a cabo por parte de los ciudadanos en el exilio fronterizo. Esta respuesta de un pueblo cansado por una ocupación injusta y harto de la opresión del aparato Policial marroquí ha desafiado al monarca Alauí en el patio de su casa. Estudiantes universitarios, amas de casa, trabajadores se han comenzado a levantar contra el invasor, hasta el momento sabemos que la represión está siendo brutal, y prueba de ellos es que Marruecos ha impedido esta semana el viaje de dos delegaciones de españoles a los territorios ocupados para comprobar la situación. Otro detalle, nuestro ministro de asuntos exteriores, Moratinos, con su talante y bonachona sonrisa, se ha plegado a los deseos del dictador marroquí y enviará una delegación parlamentaria española con una composición que sea del gusto de los marroquíes, de momento tanto el PP, como IU, se han negado a participar en dicha opereta. Y ha dicho la tontería de que en España, la derecha, quiere hacer regresar al Sahara a la Legión.

Nuestro actual gobierno está cometiendo tres errores que terminará pagando con otros muchos: en primer lugar está permitiendo una situación que va en contra de los mas elementales valores democráticos, en segundo lugar, y a cambio del costoso beneplácito francés, alienta las ambiciones de la dictadura marroquí que solo pretenden acabar con nuestros derechos en el norte de África (Plazas de Ceuta, y Melilla, derechos marítimos, económicos, etc), y en el tercero estamos faltando a nuestra responsabilidad para con el pueblo saharaui, legitimo y soberano heredero de su tierra, hermano de nuestro pueblo (su segunda lengua aún sigue siendo el castellano) y del que como declara la ONU somos la potencia administradora.

Curiosamente el pueblo español, no siempre se deja engañar por sus políticos. Desde hace décadas 40.000 niños saharauis veranean con familias españolas, muchos jóvenes españoles hicieron la mili en el Sahara, muchas familias españolas tuvieron allá su hogar . Somos muchos, demasiados, los testigos, los que por cuestiones de honor y fraternidad no vamos a admitir que tamaña injusticia quede impune.

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