martes, 20 de enero de 2009

España en el rincón de la historia

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JOSE MANUEL ARECES.-
Esta tarde Barack Obama jura el cargo como cuadragésimo cuarto Presidente de los Estados Unidos de América, ante sus ojos se abre la que, para bien o para mal, será una nueva etapa de la historia mundial. En medio de una crisis económica que va a arrasar una parte de su gran nación, Obama se ha sentido consciente del peso del poder por el que tanto ha pugnado, pero tiene la fortuna de contar con un pueblo consciente de sus deberes. Hoy todas las cadenas de televisión gubernamentales españolas han retransmitido el acto de toma de posesión, en el que hemos asistido a unas escenas, ¡tremendas escenas!, de masas populares acompañando a su nuevo líder.

Estados Unidos marca irremisiblemente la pauta al mundo con sus fortunas y desgracias, igual que en su momento el imperio romano lo hizo con el mundo conocido; solo una nación con sentido de destino en la historia es capaz de transformar ese mundo. No sé cómo se habrán sentido los progres demodés españoles, al ver a un pastor evangélico elevar sus plegarias a los cielos por su patria y por el mundo, por la paz, en un profundo y emotivo ruego de energía, de aciertos, para el que es hoy, el hombre más poderoso del mundo. Este reverendo protestante es amigo de Obama, y curiosamente se opone al matrimonio homosexual y al aborto, cosas que el progrerío de aquí no debe cuadrar muy bien en sus estrechas mentes, cuando definen a Obama de hombre de izquierdas. Y es normal esta falta de entendimiento de la cultura estadounidense, porque allá el estado nunca está por encima del hombre, nunca se eleva sobre la nación, es ella, la nación militante quien siempre sostiene al estado. Paradojas que ningún izquierdista reaccionario español logrará entender. La nuestra, España, es una nación demolida, dividida, egoísta e injusta consigo misma, una nación sin fe en el futuro, sin amor por el trabajo, indolente, y absolutamente carente de capacidad de sacrificio, España está destinada, en esta fase de la historia, a ser cola de ratón.

Envidio pues, sanamente, la fe de un pueblo, y creo que será capaz de bandear la crisis, porque ésta no es un fenómeno natural sino humano, y por tanto aquello que han hecho los hombres, otros pueden deshacerlo, con buena labor, ánimo, sacrificio, y patriotismo. Son lecciones que nos da la historia.

Entre tanto a la cola de los cambios que han de producirse, en un rincón de la historia, se encuentra un país llamado España. El nuestro, es un país donde la nación se desintegra como concepto, diluyéndose en pequeñas taifas. Un país en el que el candidato separatista de Galicia dedica los euros de su partido a lanzar un video electoral en el que se muestra como Asterix, oponiéndose al imperio español, un país donde el ministro de economía más mentiroso de la historia, tira la toalla frente a la batalla de su vida, pero resiste en el cargo. Es este un país, donde cada región lucha por despedazar los restos de la tierra común, y matan por obtener, y dilapidar, unos menguados fondos que son imprescindibles para salvar el barco.
Para el que no se de cuenta, lo diré con claridad meridiana: estamos ante la mayor crisis de nuestra historia, y no me refiero a la económica, hablo de una crisis de valores profunda y oscura, una crisis de fe en el futuro, la peor que puede sufrir una nación. España se hunde más y más en el fondo del abismo, nuestro gobierno, siempre lo he dicho, es fiel reflejo de una sociedad que ha perdido principios y valores, que no tiene fe en su destino como pueblo, que ha perdido la identidad, la honradez, y la vergüenza torera. Esto es España, ¡pasen y vean!.

Llegados a este punto de nuestra larga historia común unos optan, como las ratas, por abandonar el barco, otros como el gobierno, por hundirse con él, ya nadie piensa en el rescate, en afrontar el levante, en plantar cara al temporal. Aquí nadie quiere pelear, afrontar el destino con gallardía, defender su libertad. Siento envidia cuando oigo de los labios de un Presidente, un discurso digno de un general antes de la batalla, poco me importa si lo cree o no, nada me importa en verdad. A buen seguro cuando Obama dice: "Nuestra economía está muy debilitada, como consecuencia de la avaricia y la irresponsabilidad por parte de algunos, pero también por el fracaso colectivo en tomar las decisiones difíciles y preparar a la nación para una nueva era", queda claro que implica a la nación, y la hace partícipe de su destino, es evidente, que no puede por menos, sentir el peso de la historia sobre sus hombros. En España, no conozco en el gobierno al político que se atreva decir a sus conciudadanos: “Tenemos que levantarnos, sacudirnos el polvo y empezar, de nuevo, a construir América”. Desgraciadamente España, y los españoles estamos tan hastiados de nuestros políticos, y de nosotros mismos, que una ola de cinismo nos embarga negándonos toda esperanza de reparación.

Para hacer historia hay que tener sentido del destino, fuerza interior, valor, fe, capacidad de sacrificio, y en ocasiones, negar la oportunidad al desaliento. En la España del siglo XXI lo único que negamos es la realidad, con un Presidente Zapatero escondido en su pensamiento Alicia, con una serie de paletos, y egoístas barones regionales, que no ven más allá de su ombligo, y con un pueblo, que antes practica la solidaridad en Kenia o Palestina, que entre sus propios compatriotas.
Dice mi amiga Esther que algo de los valores del ser español debe quedarnos en la sangre, espero que sea así, ruego por ello. A título individual si conozco muy buenos españoles, pero en el orden colectivo, miro a mí alrededor, y solo veo egoísmo y ceguera por doquier. España ha dormido la siesta holgando de las subvenciones del estado, sisando a los congéneres, y mandando a foráneos a hacer el que es nuestro trabajo. Ya ni tan siquiera somos capaces de engrosar las filas de nuestros ejércitos, todo los subcontratamos, hasta el patriotismo.

No sé cuánto pueda quedar en nuestras venas de conquistadores, almogávares, cruzados, marinos de Lepanto, soldados viejos del tercio, misioneros en destinos imposibles, héroes de Baler. Los asturianos que tocaron arrebato la orden de la reconquista, viven hoy de sus prejubilaciones, agarrados a una botella de sidra, abrazados al olvido. Los vascongados que hicieron más pequeño el mundo, y parieron Castilla, hoy retornan a la era de las cavernas. Los aragoneses y catalanes que sometieron el sur de Italia y Bizancio, pelean por un litro de agua del Ebro, y los castellanos que plantaron cara a media Europa, y la pusieron bajo sus abarcas, abandonan sus tierras, y miran a esa misma Europa, en busca de un mísero subsidio. Temo a los griegos cuando traen regalos, decía el poeta, el peor regalo que se ha podido dar al pueblo español se llama subvención, nos han descastado, hemos perdido nuestra fiebre, nuestro coraje a favor de cuatro cuartos de vellón, estamos más capados, como pueblo, que un capón de Villalba. Nuestra capacidad de lucha, nuestra moral, están por los suelos, bien sabe mi querido Carlos Patricio, que ningún ejército, que ningún pueblo, pueden jamás avanzar en tales circunstancias hacia su destino, nos hemos resignado a que nos den el viático como nación, en espera de la extremaunción del destino.

Solo una cosa nos puede salvar de este sino pesaroso, y es la poesía, son las palabras, son los conceptos cargados de certeza, es la fe en el futuro. Precisamos de hombres y mujeres que se levanten a sí mismos con su esfuerzo, que no necesiten de zancadillas en su mérito, son personas independientes y con credo, con voluntad de luchar. Necesitamos de menos zalameros y cobardes, no precisa España de tanto hipócrita y fariseo, España necesita que le digan las verdades a la cara, sin titubeos, sin adornos. No nos hacen falta más sacamantecas y haraganes, no queremos más marketing electoral y gastos superfluos en autobombo. Esta España solo sabe, puede, y debe encarar el destino con modestia, con austeridad, como es nuestra tierra, pero con tronío. Alguien debe haber en algún rincón que sepa sacarnos de esta apatía, de este pasotismo destructor y nihilista, removiendo nuestras tripas con redobles de tambor, con palabras que huelan a futuro, a esperanza, que traigan la fragancia de la primavera, palabras llenas que no vacuas, frases con sentido, cargadas de verdad, palabras que sepamos creer sin duda alguna, palabras de las que elevan los corazones. No precisamos promesas de subsidios, precisamos palabras que nos devuelvan la dignidad y la fe en nosotros mismos. Mañana puede ser un buen día para poner un anuncio: "Nación demanda urgentemente líderes en su rescate. Situación muy grave, perdida de fe colectiva. Se valorará experiencia en el sector privado, valor y energía, fe y tesón. Abstenerse funcionarios y políticos con más de un años en el cargo. Remuneración a convenir, imprescindible vehículo y vivienda propios, pagamos gastos de manutención y desplazamiento".

España, aunque no lo quiera ver, está ante una nueva frontera, de la nación depende encarar el inevitable correr de la historia labrando uno u otro destino, de la actitud de todos nosotros depende. Les remacho de nuevo, con el que va a ser el lema que leerán en estas páginas con asiduidad en el futuro próximo, y que finalizaba nuestro anterior artículo: Seamos mejores para vivir mejor. Buenas noches y buen futuro, compatriotas.

1 comentario:

Ignacio dijo...

Me ha gustado tu artículo José Manuel. Yo que me declaro pasota absoluto y contrapolítico total, solo tengo una cosa clara "soy español" (lo pongo en minúsculas, pero es que así es lo mío). Dejé, junto a mi mujer e hijos mi tierra, la otrora excelsa Cataluña, para venirme a Madrid y dejar de ser mancillado diariamente en mis derechos básicos de español, y porque creo que el Centro de todo es siempre lo último que se hunde. Pero es verdad, aquí falta de todo lo que tu dices y sobra de todo lo que tenemos y nos manduquea y ningunea desde el cinismo mas absoluto. Yo ya tengo mirados unos folletos de Florida (USA), no vaya ser ese el último lugar castellanohablante y civilizado de la Tierra, donde diciendo que eres español todavía te entiendan. Mientras tanto vivo feliz en la libertad suicida de la capital. Un abrazo. Nacho Balasch