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jueves, 1 de enero de 2009

Citas



Existe una tentación extremadamente sutil y peligrosa de confundir la paz con la simple ausencia de guerra, como estar tentados de confundir la salud con la ausencia de enfermedad, o la libertad con el no estar preso. La terminología es a veces engañosa. Por ejemplo, la expresión "coexistencia pacífica" significa ausencia de guerra y no verdadera paz.
Dominique Pire (1910-1969) Sacerdote y sociologo belga

De nuevo tierra santa


JOSE MANUEL ARECES
El eterno conflicto palestino-israelí parece no tener fin. La enésima tregua impuesta desde instancias internacionales ha vuelto a fracasar, como no era menos de esperar. Hamás ha regresado a una política de terror y hostigamiento de la población de Israel, mediante el bombardeo permanente del territorio judío, estos por su parte, han iniciado una campaña más de autoprotección mediante el uso de la fuerza militar. Los primeros no precisan de mucha tecnología para el lanzamiento de cohetes, y los segundos utilizan su avanzado armamento para intentar producir los menores daños colaterales posibles. En cualquier caso cuando se hace uso de la fuerza, los riesgos son inevitables, y los daños entre la población civil consecuencias evidentes. La franja de Gaza, el territorio más hostil de los dos gobernados por palestinos, es un estrecho pasillo con poblaciones masificadas. Los terroristas de Hamás lanzan sus ataques desde calles y avenidas, se esconden entre la población, utilizan edificaciones residenciales como baluartes, y a una población pobre y radicalizada como escudos humanos.

Los responsables de las IDF no comprenden que Hamás les lleva a la guerra urbana, porque en esta las bajas civiles son inevitables, y estas bajas representan la necesaria imagen que se pretende llevar a un mundo horrorizado por tales escenas de muerte y destrucción. El triunfo en la guerra se basa en las acciones de campo y en el triunfo de la propaganda. Cada baja civil, cada niño fallecido, es un mártir de la causa a exhibir por el aparato propagandístico de los palestinos pro iraníes. Por otro lado, en Israel no se entiende que un ataque recibido no conlleve como respuesta el ojo por ojo. Israel hace décadas que perdió la guerra de la propaganda, e intenta sobrevivir, como un estado democrático, en medio de una jauría de enemigos que no tienen problema alguno en dejar la sangre de sus ciudadanos con tal de lanzar al mar al enemigo judío. Lo que resulta harto evidente, en cualquier caso, es que en una guerra urbana de baja intensidad, la actuación de un ejército regular es lo mismo que meter un elefante en una cacharrería.

El problema tiene muy difícil solución, no olvidemos que el conflicto es la esencia de nuestra historia, y en este caso el odio entre generaciones y generaciones de habitantes, de tan escaso territorio, no tiene fin. Prácticamente cada ciudadano tiene uno o varios muertos en su particular haber de esta guerra, que se inició prácticamente en la cuarta década del siglo XX. El sentimiento de venganza, la demanda de sangre, son un clamor popular en ambos bandos, pocos son los ciudadanos que puedan sustraerse a tal sentimiento, el pacifismo en ambos países es una muestra de exotismo socialmente denostado. Cientos de resoluciones, negociadores internacionales e incluso unidades de interposición han pasado por este conflicto sin ningún resultado alguno, a los ojos de cualquier observador la paz en tierra santa parece una utopía inalcanzable.

Como en el caso de los Balcanes, parece evidente que todos los pueblos tienen razones históricas, sus demandas, y una extensa lista de derechos. Particularmente pienso que llegados a un punto de no retorno de radicalización, que abarca a toda la población, el conflicto solo puede dirimirse con una victoria clara por parte de uno de los contendientes. Esta es una guerra inconclusa, permanentemente pausada por los organismos internacionales, pero nunca satisfecha. Cientos de veces hemos visto detener el conflicto pero nunca se han propuesto soluciones que satisfagan a ambos bandos, lo cual supone una tregua más en medio del conflicto, pero nada más.

Las soluciones son harto difíciles, pero me temo que son pocas, en principio la más brutal sería dejar que la guerra acabe con un bando vencedor, otra es imponer un gobierno internacional a ambos países, solución que ninguno de ellos aceptará salvo sea por la fuerza, lo cual llevaría a una invasión y a otra guerra inevitablemente. En cualquier caso, lo que sí es cierto, es que el reparto de territorios y la convivencia se ha demostrado imposibles a la luz de la experiencia, ambos bandos desean y reclaman una victoria total sobre el contrario, y cualquier cosa menos resultará insuficiente. Por tanto o la ONU invade Israel y Palestina a la limón, vence en una guerra en la que la cifra de muertos puede ser inasumible, y desarma a ambos bandos, imponiendo un gobierno foráneo de ocupación o se les ha de permitir acabar su guerra. Las consecuencias en cualquiera de ambos escenarios son imprevisibles, y los costes imposibles de asumir salvo, tal vez, para el bando musulmán de carácter menos democrático y humanitarito que el occidental.

En cualquier caso temo que ante la evidente insuficiencia de arrojo y valor de los políticos internacionales veamos durante más décadas las mismas escenas de sufrimiento, horror y desgracia, a la que estamos acostumbrados. En casos excepcionales se requieren medidas de excepción, ante la fuerza la paz no es una solución posible ni viable. Las peroratas y discursos encendidos de la ONU no rebasan la bahía del río Hudson, y sus medidas de pacificación, por débiles y timoratas, son a todas luces insuficientes. En mi opinión, a los auténticos responsables de la prolongación, sine die, de este chorreo permanente de muertos, hemos que buscarlos en la sede de naciones unidas. El frentismo internacional, la incapacidad de ponerse de acuerdo en cuanto a quién es el bueno de esta película, los intereses nacionales, el choque de civilizaciones y el deseo de protagonismo de políticos y diplomáticos, son haces de leña que solo sirven para alimentar este conflicto y mantener la caldera en permanente funcionamiento.

sábado, 23 de agosto de 2008

El futuro europeo frente al gigante ruso



JOSÉ MANUEL ARECES

El reciente conflicto en la lejana Osetia del sur, más allá de la gravedad de los acontecimientos bélicos, que han molestado a todas las cancillerías europeas, supone un posicionamiento estratégico por parte de Rusia, una nueva vuelta de tuerca de un gigante, que lejos de estar derrotado y vencido, pretende manifestarse ante la escena internacional como gran potencia.

La mayor parte de los europeos tienen una extraña imagen de la federación rusa. Generalmente se piensa que es un cascarón vacío, con tremendos problemas económicos, separatismos regionales, mafias que todo lo dominan y poca relevancia en el escenario internacional. Lo cierto es que Rusia ha logrado una gran recuperación económica gracias a sus recursos naturales y la demanda energética del norte de Europa. Rusia posee el mayor ejército del continente y no ha parado de modernizarlo, y continúa siendo una potencia nuclear. El ciudadano ruso, fuera de la imagen borrosa que de el poseemos, siente un gran patriotismo, que en nada tiene que ver con el nihilismo moral que impera en occidente, los rusos aspiran sinceramente a la grandeza nacional y Vladimir Putin, como cualquier lider, es fiel reflejo del sentir popular en ese aspecto.

Lejos de ser un gigante con pies de barro, más bien el gobierno ruso está avanzando lentamente hacia un crecimiento económico y militar, que le permita hablar de tu a tu al resto de las naciones representadas en el selecto club del G8, y está muy cerca de lograr sus pretensiones.

Uno de los principios, que la mentalidad de los burócratas europeos no logra asimilar, es la conciencia de destino histórico de algunos pueblos, tal es el caso de Alemania, Francia y la propia Rusia. Probablemente son las tres únicas naciones europeas que, merced a su sentido de destino histórico, a su conciencia de motores continentales, han logrado entenderse gracias a ello. Existe un acuerdo tácito y una compleja red de intereses históricos entre estas tres naciones que las mantiene en permanente alianza, salvando una serie de conflictos históricos. La federación rusa es el principal proveedor energético de la locomotora alemana, y Alemania tiene en Rusia, no ya un gran cliente para su industria, sino también la sede de muchos de sus negocios. Hoy por hoy Alemania apoya a Rusia como siempre lo ha hecho desde los tiempos de los zares. Alemania está interesada en marcar su influencia en los países centroeuropeos, del mismo modo que Rusia entre sus antiguos satélites soviéticos, y Francia en el sur de Europa.

Esta comunidad de intereses beneficia a todos ellos, y en le contexto histórico, no tiene visos de romperse, salvo que sucedan grandes transformaciones que hagan de uno de ellos tres una amenaza inminente para el resto. Podemos ver esta confluencia de intereses, por ejemplo, ante la comunidad anglosajona. Gran Bretaña y los Estados Unidos son en realidad potencias rivales de este eje, tanto en lo comercial como en lo político. Por ejemplo, durante la segunda guerra del golfo, fueron precisamente estas tres potencias las que mayores reparos y oposición pusieron a los planes de Bush.

Putin tiene un plan a largo plazo para hacer una Rusia grande y próspera. Para ello precisa lograr una gran seguridad económica para su nación y rehabilitar opertaivamente su fuerza militar, todo esto pasa por controlar la explotación de sus recursos naturales y su venta. Estos recursos se encuentran radicados en el Cáucaso y en oriente, el transporte de los recursos energéticos precisa de larguísimos gaseoductos y oleoductos que hoy han de pasar, antes de llegar a destino, por Georgia y Ucrania principalmente. Se da la circunstancia que estas dos repúblicas pugnan por escapar del área de influencia rusa, y pretenden entrar en la OTAN, es decir bajo el amparo de los Estados Unidos, que nunca ha dejado de intentar crear una serie de naciones colchón en el área fronteriza rusa, ejemplo de ello, es la reciente polémica generada a causa de la instalación del escudo antimisiles.

Rusia lleva tiempo apretando las tuercas a Ucrania, desde el intento de envenenamiento de su presidente, al más clásico estilo de la KGB, o el cierre del suministro de gas, con el fin de cobrar una deuda pendiente y estrangular su economía. Con Georgia ocurre algo similar, esta apoya subrepticiamente a los chechenos en su independencia, y Moscú contesta favoreciendo la separación de Osetia del sur y Absajia, amparándose en el error estratégico de separar Kósovo, que ha sentado un peligroso precedente en el contexto internacional, tal y como ha señalado machaconamente José María Aznar. Por tanto las reacciones de esta última crisis en Osetia del sur, son la consecuencia lógica de un largo plan de desestabilización programado por Moscú, plan al que la reacción de Georgia ha sido inevitable, como inevitable también ha sido la blanda reacción internacional, todo estaba previsto por Putin.

Pero esta crisis, desde un punto de vista global, es una apuesta y un test de Rusia frente a los EEUU y los gobiernos de mentalidad pacifista de la UE. Putin ha enviado un mensaje claro, -No toquéis mis posesiones, ni amenacéis el futuro de la gran Rusia-. Como es lógico Alemania ha cerrado el pico y deja hacer a su socio y proveedor, Francia representa el papel de mediador para evitar la participación de EEUU, logrando un alto el fuego que solo beneficia a Rusia, y el resto de la UE calla temeroso.

La política exterior de la UE, representada por el burócrata Solana, mantiene el pacifismo de Munich en los años treinta, y no pretende aprender de los errores de la historia, no paro de decirlo, la política de apaciguamiento solo hace más fuerte al agresor, y Rusia es bien consciente de ello. La federación Rusa se mueve en un marco moral y político que supone, una dimensión completamente distinta, en lo filosófico y en lo político, a la mentalidad de los burócratas de la UE. Para Europa el comercio, el Dios capital, es el mayor de los bienes, proveedor de riqueza, bienestar para el pueblo y democracia. Europa hoy en su corazón es luterana, atea y cobarde, ha bandonado sus raices y reniega de las lecciones de la historia. Como en los años treinta, del siglo pasado, la prosperidad bloquea los instintos del ciudadano y de sus políticos, siempre fieles reflejos de la sociedad a la que representan, se pierde la ambición de crecer y luchar por la existencia. Frente a esto Rusia tiene otros planes, y una mentalidad muy diferente, lo mismo que pasa con China, India, o los países musulmanes, que en el fondo son imperios depredadores, pues precisan del crecimiento y la expansión para alcanzar la gloria.

En un contexto mundial de una economía globalizada, una crisis energética en escalada permanente y con unos gobiernos occidentales sometidos al Dios capital, débiles y pusilánimes, se dibuja el retorno de una época de naciones fuertes que impongan su razón a las más débiles. Rusia controla la energía, tiene una mentalidad cesarista, precisa expandirse, y posee la fuerza moral y militar que se precisa para dominar a una UE, carente de principios éticos, de ambición, de unidad de destino, y de una base social con principios morales homogéneos y fuertes.

La UE es una comunidad de intereses, su unidad es nominal, no deja de ser una comunidad construida entorno a una unidad comercial, que ha adquirido un gobierno asambleario, donde cada nación pugna por sus propios intereses, y los burócratas y lobbies industriales, campan a sus anchas.

Europa no es, ni será, una nación, y solo una nación, con un pueblo homogéneo y un plan de futuro pueden sostenerse en el contexto internacional. A pesar del capitalismo y la globalización el mundo no ha cambiado tanto y la historia tiende obstinadamente a repetirse. La UE es un gigante con los pies de barro, sin un ideario moral común, poblada de razas heterogéneas, dispares y con intereses, moral y religiones divergentes y hasta enfrentadas, sus políticos no dan la talla de estadistas, y no cuenta con una fuerza militar más allá del plano nominal. Rusia es justamente la antítesis de Europa, y si esta se cruza en su camino el destino es inevitable.

Europa, una vez más, ha demostrado su debilidad traicionando a Ucrania y Georgia, como ya en otra ocasión lo hizo con Checoslovaquia y Polonia, nada se ha aprendido del último siglo, y lo peor es que no tenemos nigún Churchill al que acogernos. Europa no tiene la fuerza moral de una nación, solamente una retórica hueca de la que es bien consciente Putin, y Estados Unidos está en pleno proceso electoral , con sus fuerzas comprometidas en Afganistán e Irak, y los ojos puestos en Irán, Corea, China y demasiadas partes del mundo. Miel sobre hojuelas.

Mientras los filósofos de cabecera europeos sigan siendo los pacifistas, nihilistas y relativistas en lo moral, que nos alejan del cristianismo y de la realidad que manifiesta tozudamente, a lo largo de la historia, que la guerra es un fenómeno social histórico, y consustancial a la esencia humana, nos abocamos a un oscuro pero muy conocido callejón. Rusia no es solo un gigante territorial, lo es en lo moral, respecto a una Europa desnutrida en el plano filosófico y político. El escenario es inevitable y ya está diseñado.